Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
678 ¡Y que no resuena á líis altas horas una voz dulcemente infantil, limpia, juguetona y mejor timbrada que la campanica (le plata del Pilar! Cuántos habrá á- la- Jiora- dc- ahora roncando á más no poder, Pues y yo A caballo en la bvu- ra teniéndome que moler! ¡qué de lan- y cuando en suave amor y armonía van cinco ó seis con sus asnales compañeros de ambas sexos ces, qué de aventuras se transmiten unos á otros mientras, inclinados sobre un montón de estiércol y tronchos de col, empujan la basura con diestro manejo de la escoba hacia el capazo que, ya repleto, es descargado en el i- sportón de la bestiezuela! A éste dióle ayer su padre fiera paliza porque en vez de ir á la plaza de San Pedro Nolasco, donde le mandó, se había pasado la mañana por el Huerva nadando en el Saltico; á aquél le ganaron al mus tres perneas que le e i l) aruUó á una vei dulera; tal otro cuenta los horrores que sufre en su casa, y tiene por muy dichosos á los chicos de la Meca; otro tal descubre á sus compañeros, entre exclamaciones y trasportes, el sitio de más nidos de toda la huerta y los invita á una expedición cinegética. Y á todo esto los burros y burras, en un principio colocados á vergonzosa y púdica distancia, fueron aproximándose á favor del diálogo de sus señores y entablando por su cuenta otro palique inarticulado y estridente; ¡gran Dios, qué horrible conversación, qué levantar las orejas, qué alargar el hocico, qué abrir de las narices, qué de agrandar las comisuras del morro, enseñando aquellos dentazos! y luego, ¡qué inquietud, qué saltitos hacia el objeto de tan sonante lírica, á pesaide llevar las manos diestramente trabadas con un cabo del ronzal! Por ñn acaba de llenarse el seron; los chicos, sudorosos, van á la fuente del Mercado, y en el pilón, cuyas aguas están revueltas por el cacharrear de los cántaros, por el fregóte de los cabriteros, por el lavarse de cien manos inmundas, allí se abocinan, satisfaciendo la sed y refrescando las fauces. Y vuelta á casa con la carga; los burros delante, en fila, y los dueños detrás, en columna de honor; aquéllos deteniendo su pesada marcha para hocicar ó comer cualquier hoja de maíz ó desperdicio de verdura que se halla al paso, y éstos cantando á grito pelado j en coro unísono lo de Al levitón le gusta muclio el vino y escobazo ó palo limpio, y lluvia de frases carreteriles porque se paró el ganado, y vuelta otra ez á la cantata: Ya se ha muerto levitica, ya lo llevan á enterrar Pero ahora la, femateria es insignificante y no tiene aquel suave tufillo de germanía que era su carácter en otro tiempo. Antes, un guardia municipal cogiendo en renuncio á alguno de los chicos del gremio, una verdulera que castigaba á cualquiera de ellos, ó tal señorito que se indignaba por los descaros de otro ó porque dejó el burro cruzado en la acera, se atraían al punto las iras de toda la cuadrilla y los silbidos de ella, y la grita fenomenal y los tronchazos dirimían la cuestión, sin que los héroes se acordasen de más que de salir pronto y dejarlos estar. Cabezas alegres por excelencia eranJ ÍIZÍCO de la gaita en toda subversión para el motín inocente y sin consecuencias! ¡Cuántas veces esos señorones, hoy tan pulcros y serios, honra de las ciencias de mi pueblo, han apreciado, siendo estudiantes, las singulares facultades del femateio Había novillos universitarios, y ya estaba la plaza de la Magdalena ocupada por un par de docenas de burras con sus bulliciosos bagajeros. Dábase la señal de marcha, j abríanla tan originales batidores, seguidos de aquellos doscientos muchachos, calle Mayor adelante, hacia la Platería, y ¡qué espectáculo el de la cabalgata entrando en el Mercado! Los chicos imitando una brillante marcha de cornetas, las vendedoi as sonando con las pesas los platillos de sus balanzas, otras disparando tomates ó patatas contra la comitiva, ésta argumentando en términos semejantes, y todo el mundo chillando, y los perros lanzando ladridos lastimeros, como horrorizados del cuadro y de la bulla, y los balcones llenos de vecinos, entre medrosos y alegres, riendo de ver un buen mozo de Di gesto con un ojo chorreando tomate, y otro canonista con medio higo recién pegado al sombrero, y tal médico probable hecho uiia canariera por la escarola que lleva encima. Ocurría también que las cañas se tornasen lanzas y que la intimidad del estudiante bullicioso con el fematero volviérase ojeriza cuando este tipo, inmutable en su carácter, sorprendía á su aliado en los ratos de seriedad y relativo orgullo, y ¡adiós la paz! Ya no eran estudiantes aquellos de ayer; ya son sólo mainates, pijaito- i y (hágaseme gracia del resto del vocabulario) Una vez rotas las amistades, ¡qué luchas y qué represalias, y qué pedreas en los viaderots templo de Minerva I Porque tan alegre y decidor, tan igual y corriente, tan cariñoso é inocentemente salvaje, el chico de la huerta tiene el honor profesional celosamente guardado, y si por bondad mansa ó por cordial afecto transige con cualquier imposición, llevando las cosas por la tremenda tiene todas las energías del pueblo robusto, de gremio independiente, de hombre fuerte y cuánta descalabradura, y qué zurras en casa de los femateros por el tiempo perdido en tal guerra civil, y qué calabazas por iguales motivos en el