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I. lEMATERO sus fuerzas por esa ambición de tollendi de su OTgnü. 0 iiTeñexivo; encaminadas sus potencias al alimento de sus industrias y artes y oficios, puede darse por enterrada aquella antigua raza de los femateros, instituto aragonés de tan limpia casta, que extendiendo sus miembros á, toda la Coronilla y llamado con un nombre hermosamente provincial como el suyo, fué patriótico distintivo para todo país de jardines y huertas verdes y aromas calientes y frutas azucaradas y costumbres orientales y calzones cortos ó zaragüelles blancos. ¡Boca abajo todos los viejos chisperos! M mentar siquiera el colillero nuevo. Cállense los Vade y Henri Meunier, porque mi recuerdo es de cosas más altas que no sufren alianza, ni con el chulo desustanciado, vilísima y torpe traducción del gamin, ni con esta hedionda personica, cuyo solo fin en el mundo es aspirar al título de granuja encarcelable. El fematero que tiene casa y familia y nombre y patria y hacienda, es una institución que en la huerta representa la economía doméstica y en la ciudad la pública higiene. Hijo de torreros ó colonos de huertas y olivares, resuelve en el campo un problema vital: el de buscar sustento á las tierras, esquilmadas á fuerza de aguantar siglos y siglos la pesadumbre de una flora sin igual; busca los abonos naturales sin gravamen para la granjeria; en la calle limpia el paso de inmundicia, va á buscarla á los puntos productores, y allá, donde antes los enjambres de moscas disfrutaban á sabor montones de frutas podridas, rabos de cebolla, cascaras de melón y tomates pasados, con asco del sentido, allá luce más sus dotes y allá empuja y rueda la bolita inmunda como otro escarabajo, hasta que, revuelta y anegada en la charca de la femera, salga convertida en oro fino capaz de dar á la hortaliza su agüilla fresca y gustosa, y al melocotón el dulzor sin rival, y el aterciopelado rojo á la pulpa de la sandia, y á la ciruela Claudia el riquísimo licor que, sorbido con delicia por el sibarita, le arranca la frase de rigor entre o gourmets de mi tierra: -Esto es comer y beber á un tiempo. Perdido en la actualidad el carácter de cuerpo ó gremio numeroso que tuvo en otro tiempo, sin que hoy exista aquella falanje que, unida y alegre, desembocaba á las tres de la madrugada por la Albarderla para hacer la limpieza del Mercado, hay aún algunos tipos sueltos mantenedores de la primera sangre en toda su pureza. ¡Y qué tipos tan soberanos, y netos y baturros! Pequeño y vivo, porque para ser fematero hay que tener menos de catorce años; la cabeza, más que rapada, mondada, con todas las lineas, surcos y altibajos que una navaja torpe deja impresos en la duraznilla al quitarla el pellejo; ojos chispeantes y cara de picardías; chato y enseñando por los cañones de la nariz dos chimeneas negras y sin deshollinar; pintada la cara con las rayas sucias que trazó la mano al limpiar el sudor ó sacudir las moscas; vestido con ropas que huelen al desecho de casa del amo, y enseñando por los sietes de ellas buena parte de un cuerpo fornidote y soleado, entra en la plaza caballero en su burra, llevando la escoba afirmada sobre el muslo derecho en guisa de tercerola de batidor, y cantando alegre, entre el ¡arre! y el ¡sóoo! que convenientemente mezcla al estribillo, sus canciones favoritas, parto de la propia fematera musa, adornadas con la jota más elegante y repulida de cuantas oye la tierra