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675 quitecto municipal de Zaragoza, el trazado del monumento, y á la vista tiene el lector de BLANCO Y NEGKO el anteproyecto ideado por aquel notabilísimo artista, en quien se hermanan, hasta confundirse en una sola cualidad, el talento, la modestia, la laboriosidad y el amor patrio. Claro es que, como tal anteproyecto, está sujeto á algunas modificaciones; pero m u y pocas me parece que habrán de ser, según lo que satisface y llenaj si se me permite tan vulgar locución, la traza y los detalles del monumento ideado por el arquitecto aragonés. Cien metros tendrá de í, altura. La piedra y el hierro, el bronce y el alu 4 j; minio, en sus más modernas y curiosas aplicacio Í í 4 i 5 í nes, constituirán los huesos y músculos del gi W T. rf fJ i kV gante. Y si á la luz del sol habrá de resultar f t J j -ÍP. ¿r ta sólida masa t a n imponente como esbelta y i- -íT decorativa, sus varias líneas, sus diversos cuer I F i P balcones y plataformas servirán por la -J i noche de motivo para soberbias é ideales ilumi 7? naciones. Se echará tal vez de menos en la obra de don Ricardo Magdalena aquel típico y nacional carácter que da á las construcciones aragonesas el sabio empleo del ladrillo y el azulejo, de que hay en Zaragoza tan abundantes y deliciosas muestras; pero yo creo que este apartamiento de una tradición, gusto y estilo, que conoce y domina de sobra el creador del edificio destinado en la misma ciudad á las Facultades de Medicina y Ciencias, es una prueba más de discreción y tino, basada en el clásico Non bis in i em y en el cervantino consejo (íNunca segundas partes fueron buenas aplicado en la ocasión ¡iresente á peligrosos recuerdos c imitaciones de la antigua fábrica mudejar. El primer cuerpo de la Torre Nueva, destinado á conmemorar las glorias innumerables de Zaragoza, es por sí solo el monumento que pedía Royo y Villanova y que á mí me alarmaba. Esa legión, ¡legión única en el mundo! de mártires y legisladores, reyes y justicias, guerreros y sacerdotes, nobles y plebeyos, héroes y heroínas, que rodea el basamento de la Torre, puede con peligrosa faciliilad convertirse en algo que semeje una mascarada, como no evoque tantas y tales figuras, dándoles vida con el cincel, un artista de grandísimos alientos. E si non, non. Por fortuna para España, no todos son Fidias Gómez y Praxiteles Fernández Todavía podemos contar con el brío incomparable de Benlliure, con la ori f í t t b. ginalísima fantasía de Susillo, con la inventiva noble y delicada de Querol. H e hablado de los huesos y los músculos del gigante. ¿Y el alma? J ¿i íi Si el cuerpo es otro, el alma de la nueva Torre N u e va será la misma que alentó en la antigua, y que ha 1 J f bló tantas veces en horas de lucha, de tribulación ó de alegría, á los habitantes de la ciudad y de la vega. Aquel reloj legendario, para el cual se alzó el gallarDETAI- LK do edificio mudejar, y aquella campana épica, que parece llevar la voz misma del pueblo aragonés, volverán en el monumento del porvenir á marcar y anunciar nuevas horas ¡Ojalá no sean tan trágicas como aquellas otras que están escritas con letras de fuego, no ya en la historia patria, sino en la misma historia de la Humanidad! ¡Cuándo será todo esto un hecho palpable, una realidad visible?