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665 El pintor se incorporó lentamente en 8 u butaca y me contestó, como destruyendo con una pregunta todas mis anteriores reflexiones: -Pero, ij el humo? -iBl humo! -Si, el humo vive, el humo siente, el humo expresa; yo he descifrado su lenguaje y sé todas las historias que sale contando al escaparse de esas chimeneas. ¿El humo? El humo! -Fíjate en un tejado que tendrás á la izquierda; aquél que se eleva un poco sobre los demás y tiene cinco chimeneas en un grupo y otra completamente aislada: ¿lo ves ya? -Sí, lo veo. -Pues ese tejado corresponde á una casa de la calle de en la cual viven los Marqueses de Agrasol. La casa, si tú la recuerdas, es bastante antigua, aunque hace unos cuantos años la reformaron mucho sus dueños. Estos, que son los mismos Marqueses que la habitan, han sufrido grandes quebrantos en su fortuna, sin que hayan disminuido por eso el lujo de la casa; son nobles antiguos, se creen muy superiores al resto de la humanidad, y su orgullo no les permite descender de la altura de su falsa opulencia. las haciendas del Marqués. Del muchacho dicen que es buen mozo, pero muy pobre. Ello es que se querían muchísimo Eosarito y él; un verdadero amor, un verdadero idilio: se escribían casi diariamente, y los veranos el Marqués iba á sus haciendas; jy los dos primos eran tan felices recordando en sus conversaciones las cartas del invierno, que los dos se sabían de memorial Pues todo fracasó; vino lenta, pero segura, la ruina del Marqués, y hete aquí que entonces se presenta un título un poco haitiano, pero muy rico, pidiendo á Bosarito por esposa. Esta dice que no, protesta, llora; sus padres le pintan un porvenir de miseria, del cual sólo la boda con su pretendiente podía salvarles. ¡Pobre Eosarito! Fué sacrificada del modo más cruel; de esto hará cosa de dos meses y medio. Bueno; el caso es que la Marquesa quiso tener un retrato al óleo de Eosarito, es decir, quería conservar la imagen de la víctima antes de que consumara el sacrificio. Me llamaron á mí, y arregladas las condiciones del trabajo, fui unos cuantos días al palacio de Agi- asol á pintar el retrato de Eosarito. Teníamos sesiones de dos horas, porque el tiempo apremiaba y el día fijado para la boda estaba muy próximo; aun así no pude concluir el retrato: es decir, la cara y las manos si, pero apenas tuve tiempo de manchar el vestido. No tenian más que una hija, ó mejor dicho, no tienen más que una hija: Eosarito Agrasol; ya habréis visto citado su nombre por los revisteros de salones; ¡es tan bonita, tan amable, tan triste! Desde niña tenía amores con un muchacho, primo suyo, que vive allá en el pueblo donde radicaban en los buenos tiempos I Si hubieseis visto á mi infeliz modelo, á aquella desgraciada Eosarito, tan bonita, tan triste, tan amable! Yo la decía que se sonriera para que resultase alegría en el retrato, y á la infeliz casi se la saltaban las lágrimas procurando obedecerme. Hablábamos muy poco; pero yo la compadecía mucho, y eUa me daba las gracias con los ojos.