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REGLAMENTO TAURINO Se notaba la necesidaz de un reglamento para regularizar las corridas de toros en nuestros días y en nuestros ruedos. Reconociéndolo así varios aficionados al arte de Pepe Hillo, Pepe Botella y otros Pepes, se r e u n i e r o n en casa de uno de nosoíros y en unos cuantos quedó terminada la tarea, para presentarla al Grobierno, ó á la Academia, ó á quien corresponda. El reglamento está dividido en títulos, y los títulos en capítulos, y los capítulos en los tres tercios, y así sucesivamente. La obra llevará un prólogo, ó lo que resulte de cualquiera pongo por caso. Vamos, de ganadería acreditada. Y allá va la muestra del reglamento: nunca en teatros ni en salones particulares, como ha ocurrido alguna vez. m TITULO I CAPÍTULO I, AETÍOÜLO I, PÁREAFO I, TERCIO I D E L T O R O Y FAMILIA Un gobernador ó un alcalde, ó un teniente de uno ú de otro, presidirá la fiesta, para disponer cuándo un toro ha de entrar á varas ó ha de salir de varas y pasar á paliyos, ú sea banderillas, j cuándo ha de morir. Por el mismo consiguiente dispondrá que se aplique fuego al toro ó al picador que no entren en varas. También determinará el presidente si una res debe ser retirada al corral paterno, aun cuando en el apartado le haya parecido un toro decente y después le resulte sordo ó delicado de la vista, ó algo cojo, á su señoría. CAPÍTULO II LA SUERTE DE VARAS Las corridas de toros son tan antiguas, que se pierden en la negrura de los tiempos. ¿Eh? Negrura, palabra fin de siglo, y demás. A organizar y á regularizar esa fiesta nacional deben atender los Grobiernos inteligentes, al par que barbianes. Las corridas de toros se verificarán en plaza cerrada, ó en circo, que viene á ser lo mismo, y El picador y el caballo h a n de f o r m a r un cuerpo y un alma, digámoslo así, aunque e s t é mal dicho.