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644 zones históricas explican que otorguemos á la problemática epidemia de ahora unos honores que dista mucho de merecer. Pero se llama cólera, y basta. Mayores daños causa la pulmonía, y nadie la hacemos maldito el caso. Aunque la verdad es que las precauciones y medidas higiénicas, tan cómodas y poco gravosas en verano, se nos hacen muy cuesta arriba cuando llegan los fríos. En pleno estío, aunque nos saquen de casa y nos, hagan dormir en un barracón con honores de lazareto sucio, nada nos importa, porque una noche de verano se pasa á la intemperie sin peligro alguno. Todo se reduce á el sueño de una noche de verano que dijo Shakspeare. Pero ahora que refresca el tiempo, marearle á uno con visitas, lazaretos y observaciones, es quitar el cólera por un lado y repartir catarros por otro. En mi humilde opinión, á cóleras como éste, lo mejor es no hacerles caso. Porque haciéndosele, ¡claro es que hay un caso más! Del agua no se quejan más que los yianchegos, del cólera los vizcaínos únicamente, pero otras plagas menos intensas, aunque mucho mas latasj levantan clamoreo en toda la nación. Se decretó el impuesto sobre los coches, y la protesta ha venido rodada. En los corrillos, en los cafés, en las tertulias, no falta un caballero que rompa en contra del impuesto odioso una lanza, cuando no una limonera ó todo el juego delantero. -La intención del ministro, dice un sabio de café, no puede estar más clara. Él necesita á todo trance la rueda de la fortuna, único modo de arreglar la Hacienda. Pues bien: ó semejante rueda no existe, ó debe estar adosada á uno de esos coches que arrastran á la gente rica. Reconozcamos, pues (dice Gamazo) los coches de lujo hasta qué demos con la dichosa rueda, para echarla el clavo correspondiente. Hay poblaciones, según dice la prensa, en las que han renunciado al coche literalmente todos los propietarios de carruajes. Literalmente: ¿qué quiere decir esto? Indudablemente que en lugar del coche piensan usar litera. Si la gente alta se disgusta, el comercio no está más contento, como lo prueba el jaleo gremial de estos días pasados. El precio del pan es otra de las nubes negras. Aquí, donde todos los alcaldes se marchan por los cerros de tJbeda (próximos á la zona fiscal) ninguno todavía ha salido por panaderos Estos tienen el privilegio de subir el recio cuando les viene en gana, y no bajarlo aunque se les diga frailes descalzos ó en la tahona de las Descalzas. ¿Y á qué seguir? Después de tales calamidades, me parece significativa la vuelta de los tambores. Cuando Luis XVI, ya sobre el patíbulo, quiso hablar al pueblo, un redoble de tambores, dice la historia, ahogó la voz del infeliz monarca. y yo pregunto: ¿Querrán ahora los ministros ahogar la voz del pueblo contribuyente con otro redoble de tambores? LUIS ROYO VILLANOVA (DIBUJOS DE C I L L J Í)