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í) 36 ELLA. -Bueno; pues, en último caso, déme usted veinte céntimos para el tranvía. Yo. -Tome usted. (Echo mano al holsillojy en un arranque de esplendidez doy los veinte céntimos á mi bella desconocida. Ella intenta besarme en la nariz; pero yo la digo i. zape! y y no la dejo, porque veo aparecer á mi señora por el foro. La de Villachupada lanza un graznido y huye veloz. Yo quedo haciéndome cruces, y mi señora queda haciéndome cargos. Todo lo había escuchado por el ojo de la cerradura, sufriendo en sil sistema nervioso- decimal profundas alteraciones. Y gracias á una taza de tila y á una rodaja de merluza frita, logro ver calmada su excitación. Pero es lo que yo la digo algunas veces: ¿IJO ves? El casarse con un poeta como yo, eminente y bello, tiene sus quiebras. Si te hubieras casado con aquel recaudador de contribuciones que te cortejaba en Mataporquera, hoy vivirías en- p z y en gracia de Dios Y yo también. JuAU PEBEZ ZUNIGA DE EN EL TREN (S O L I L O Q U I O DE UN BAÑISTA) ¡Adiós, las playas risueñas! ¡Adiós, Concluí ¡Adiós, Zurrióla! ¡Adiós, Chiernifaco arltola! ¡Adiós, -can tábricas peíías! ¡Adiós, jiras y derroches! ¡Adiós, Posada tlel Grillo! y ¡adiós, catre del pasillo, donde dormí treinta noches! ¡Adiós, mar q ie yo surcaba! ¡Adiós, casetas movibles, y rendijas invisibles por las que yo me asomaba I ¡Adiós, continuos afanes! y ¡adiós, goces fugitivos! ¡Adiós! ¡Adiós, cuadros vivos de damas y de galanes! A Madrid, con mi maleta, me voy á pasar apuros, i Yo, que salí con cien duros, vuelvo sin una peseta! ¡Qué deprisa corre ahora el tren que tan lento vino! ¡Cómo se traga el camino la negra locomotora! Todo en el mundo ha de ser suspirar y sonreír. ¡Cuánta dulzura al iTtir! ¡Cuánto amargor al volver! Para el tren; baja la gente. ¡Cómo el tiempo transcurrió I ¡Miranda! ¡Aquí comí yo hace un mes, próximamente! ¡Me parece que fué ayer! Aún recuerdo el sitio Allí, junto al mostrador comí ¡Y qué modo de comer! Una sopa suculenta, y perdices y jamón, y aves ¡y una indigestión por tres jieaiitan cincuenta! Hoy, un pedazo de pan será mi alimento entero, y el queso que el posadero me ha dado en San Sebastián! ¡Lo que va de ayer á Jioy, y lo que en un mes perdí! ¡Ayer maravilla fui, y hoy comiendo queso estoy! Arranca ol tren de repente, y apenas han comenzado á comer ¡Ah! ¡Me ha vengado el maquinista imprudente! ¡Iguales ante el progreso! ¡No soy ni menos ni más! ¡No; también á los demás les dan en Miranda el quego! Me arrellano y siga el tren; oigo en sueños mí ronquido. ¡Cuántas horas he dormido! ¡Lo que puede el comer bien! Básgase el celaje obscuro; fuerza es que el sueño deseche. ¡Un botijo c leche! ¿Leche? Pues, las Navas, de seguro. ¡Corre el tren! Di isar puedo cuál se presenta orgulloso Madrid, castillo famoso que al Rey moro alivia, el miedo, ¡Madrid! ¡Soberbia estación! Cojo botijo y maleta, y no tengo una peseta para tomar un simón. De los calores huí y ahora me asustan los fríos. ¡Aquí estoy ya, ingleses míos! ¡Tened compasión de mi! ¡Para ir á San Sebastián he empeñado lo empeñable, y no tengo i mpermeable, ni capita, ni gabán! ¿Qué hago yo, voto al infierno, dé verano todo el año? ¡Me pondré el traje de baño para pasar el invierno I JOSÉ J A C K S O N VEYAN