Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
635 Yo. -De la pierna, habrá usted querido decir. ELLA. -Sí, D. Juan; usted es capaz de versificar en dos minutos la letanía de todos los santos. Yo. -Eso es lo que ustedes creen, que yo hasta sudo en verso; ¡pero buen trabajo me cuesta el ELLA. -Nada, nada; no sea usted groserote con una dama como yo. Mire usted; cuando divulgue por Villachupada que el propio, que el auténtico Pérez Zúñiga es el autor de la respuesta, todos se van á volver locos. Yo. -Pues más vale que no lo diga usted. Yo, francamente, no me comprometo á contestar á esa buena señora. ELLA (Poniéndose zalamera) Ya, xnoSi Juanito, no sea usted malo I (La desconocida me da una hofetadita cariñosa, y el rubor se apodera de mi, hasta el punto Yo. -Gracias mil, señora. Usted me confunde. (La desconocida se dirige á la puerta; pero antes de salir estornuda y se detiene. ELLA. -Diga usted, ¿vende usted retratos suyos? Yo. -No, señora. Todavía no hago almoneda. ELLA. ¡Qué contrariedad más grande 1 ¿Y dónde los venden? Yo. -En ninguna parte. Como no sea que algún pariente mió en un momento de apuro quiera deshacerse de mi efigie ELLA. -Pues déme usted esa que tiene sobre el piano. La imagen de usted debe estar en Villachupada entre gasas y flores. Yo. ¡Hola! ¿Se va á abrir allí algún concurso de bellezas? ELLA. -No, señor; pero estoy segura de que, aunque su físico de usted no tiene mucho que agradecer á la Divina Providencia, mi familia pondrá este retrato en un altar y le adorará todas las mañanas antes de tomar el chocolate. Yo. ¡Señora, por Dios! ELLA (Besando mi retrato con frenesí) -Me le llevo; no hay más. Yo (Arrebatándoselo) -Por lo mismo que no hay más, no puede usted llevárselo. Y crea usted que siento no tener una docena para vendérselos á usted á buen precio. ¡Es un negocio que se me va de las manos! ELLA. ¿Conque rae lo niega usted todo? ¡Qué decepción 1 Yo le creía á usted un ser ideal, excepcional, sobrenatural Yo. -Pues creía usted muy mal. Yo soy un modesto padre de familia que aunque escribe mucho se retrata poco, y que, aparte de eso, no puede aguantar las visitas largas. ELLA. -Pues me retiro. Pero antes de partir voy á hacerle á usted otra pregunta. Yo. Venga de ahí. ELLA. ¿Puede usted darme tres pesetas? Yo. -Hija mía, de eso tampoco me queda más que un ejemplar, y se lo tengo ofrecido al panadero. de que mi cabeza toma el aspecto de un queso de hola con gafas. Yo. ¡Imposible, señora! ¿Cómo voy á tomarle la embocadura á esa tía? ¡De ningún modo! ELLA (Dejando el asiento muy templadito) -Bueno, pues usted perdone esta molestia y cuente siempre con la admiración del elemento culto de Villachupada.