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Á OCHO DÍAS VISTA El cólera, enemigo común. -La t á c t i c a n u e v a y la t á c t i c a antigua. -Como cambean los meses. El fuego revolucionario y el humo de l a s fumigaciones. Perdono á tuttili) iSalü que haigal -Marinos en tierra. -Los r u s o s en Paris. -Ramos de myosotis Soleá gaditana. -El Maüser. G- obierno de a r m a s tomar. -Peligros de un cambio de a r m a m e n t o Guando el tren marcha con retraso, el maquinista se ve obligado á forzar la máquina. ¿Quién sabe si este año, por venir el cólera más tarde de lo que se esperaba, querrá adelantar camino forzando válvulas y pistones y lanzando la máquina á todo escape? Por de pronto, la epidemia ha mudado hogaño de táctica. Ya no opera con grandes masas, como en la campaña de 1885, al estilo de Napoleón y del gran Conde. Aquel aparato de fuerza colérica con que se presentó en Tolón, en Marsella, en Ñapóles y en Aranjuez, no le vemos ahora afortunadamente. En cambio, el despliegue de guerrillas (que es el sistema empleado por el nuevo general de la muerte) abarca tanto terreno, que no hay frontera segura, hombre sin miedo, ni población sin precauciones. Hoy apunta en Francia y mañana en Italia, surge en la Península y se presenta á la vez en Lisboa, en Belchite, en Villarreal y en Zumárraga. No es, en suma, la magnifica grandiosidad del ejército persa obscureciendo con sus flechas el sol, sino la inevitable invasión prusiana manifestada nada más por aquellas parejas de huíanos que brotaban de todos los montículos y asomaban por todas las mesetas de la Alsacia. ¡Cómo cambean los meses 1 Hace treinta días llegamos á temer que España ardiera en el fuego revolucionario. Hoy vemos que no hay tal fuego; no hay más que el humo de las fumigaciones. Gamazo piensa en aplicar el oportunismo á la tri butación. Ave de paso, cañazo. ¿Hay cólera? Pues duro con él. Los coléricos, piensa decir el ministro, pagarán tanto por cabeza. Creo firmemente que un decreto de esta naturaleza contribuiría á la extinción de la epidemia mucho más que todas las medidas que puedan tomarse en la Dirección de Beneficencia y Sanidad. Lo que no hacen los españoles por su salud lo harían, de seguro, por no pagar contribución al Estado. Ello es, de todos modos, que aquella revolución que el mes pasado nos amagaba, no concluirá en el jacobinismo, pero sí en un Comité de salud pública Los problemas económicos pendientes los hemos dado al olvido ante la posibilidad de un contagio. Hoy por hoy, el cierre de una farmacia nos alarmaría más que la supresión de los juzgados. Én muchos pueblos darían un capitán general por un médico de buen ojo. No queremos que el Grobierno ponga los puntos sobre las íes. Que se las arregle con las comas, y quedará cumplida su ortográfica misión. ¡Cuan triste es el cólera en otoño! Pensamos que á la caída de la hoja no caerían más que algunos tísicos y un par de ministros liberales. ¡Ojalá no caigan unos ni otros! Cuando la vida está amenazada, el ánimo se inclina al perdón, y no hay quien deje de perdonar ahora los desastres económicos, la razzia de cesantías, las algaradas fueristas, los pinitos de regionalismos- ¡Salú que haiga! como dijo el baturro. No sé si de Belchite precisamente.