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m APÓLOGO CRiTÍGO Si el apólogo que YOJ á referir era ó no original del peregrino ingenio de Manuel Fernández y González, ni hay por qué negarlo, ni acerca de ello me atrevería yo á hacer una rotunda afirmación; solo diré que yo le oí contar el apólogo con la ocasión y motivo, y casi en los propios términos de que voy á hacer un fidelísimo recuerdo. Tiéntame á ello el gusto con que lo han acogido cuantas personas de cultísimo gusto oyeron entonces algunas, y otras después, narrar verbalmente el caso. Hallábase cierta tarde el gran novelista sentado para amigable tertulia con varios ateneístas en la Cacharrería del antiguo Ateneo. Como las explosiones de enojo eran en el bueno de D. Manuel tan chispeantes, dábamos todos en el pecado de provocarlas, viniera ó no á cuento, fuese ó no muy discreta la provocación; ello se hacía así y como yo lo digo. Un ilustre crítico comenzó dicha tarde á elogiar ponderativamente al famoso novelista francés Emilio Zola. ¡Cálleze, hombre, por Dioz, y no diga dizlatez! exclamó D. Manuel. ¡Cómo, D. Manuel! -dijo el crítico. ¿No es usted admirador del gran maestro Zola? Maeztro! ¿Ypor qué ez maeztro? -Porque á él se deben las nuevas corrientes del arte.