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621- ¡Verdad, verdad! decía por señas y por gestos á la multitud. Yo no sabía eso Voy á rectificar ¡Ahora veréis! y con efecto, preparado y en guardia, porque se le venía el inglés encima, el vendedor de cebollas cogió al subdito de la reina Victoria por el cuello de la camisa y por la piel de la barriga, y con una delicadeza exquisita lo levantó á pulso y le acostó en el santo suelo, haciendo que todo él lo tocara é hiciera huella con cabeza, hombros y demás partes posteriores. Sin soltar la presa, repitió el movimiento tres ó cuatro veces, hasta que el inglés gimió diciendo: ¡Basta! ¡Basta! Entonces la multitud aclamó al aragonés, prorrumpió en burras que atronaron el aire, y quiso llevarle en triunfo. -Qi ¿e vus digo que no, chiquios, vociferaba el baturro, haciéndose entender á trompada limpia. ¡Queréis llevarme en procesión para robarme las cebollas! No le faltaba razón al vendedor, y el público, dominado por la fuerza y por la inteligencia, le vitoreó de nuevo y le compró todas las cebollas que á la vista estaban y las que quedaban en el laúd. Desde aquel dia la cebolla española se cotiza en Inglaterra con la letra Á, y es preferida á la francesa, á la portuguesa y á la italiana. ÁNGEL MURO. (DIBUJO DJJ G R O S) 7. -Pero ¡cuánto aburrimiento pasado los primeros meses! 8. ¡Qué de peloteras por un quítame allá esas pajas! 9. ¡Qué de tremolinas en las comidas! 10. ¡Qué de disgustos con los suegros! 11. ¡Qué de sinsabores con los hijos! 12. -Por eso esta vida hizo que los cónyuges se quedaran como flautas.