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618 Es el triunfo del otoño, la ola que vuelve á lamer la alfombra de los salones. Los que no han muerto asados en el incendio de a canícula, saludan á los hijos pródigos de la villa y corte y les perdonan la ausencia. Al subir la Cuesta de San Vicente en milord, landau ó pesetero, faldeando el Palacio B- eal y las cataratas del ííiágara, las viajeras encuentran pirámides de melones festoneando el camino, escuálidas vacas con las ubres llenas de dudosa leche, pepinos y cohombros y el perejil humilde, qué recuerdan la huerta del balneario, el corralillo del caserío, la fonda de la playa ¡Qué recuerdos! Ellas, flexibles como las ramas de acanto, vienen soñando ya con futuros placeres y preparando su resurrección otoñal, como el capullo que espera escondido las caricias estivales. Es sabido que las hijas de Madrid, las verdaderas gatitas, son como los rosales de Pestunij florecen dos veces al año: una cuando se van á veranear, y otra cuando vuelven al nido. Todas regresan lo mismo. Almas sedientas del ideal Cantábrico; bañistas del Cabo Miseno; diosas con guardapolvo que han brillado á la luz de faroles de papel en alamedas de puertos solitarios, todas, aunque por distintas causas, vuelven con el sombrero de lado, afligido el semblante y socarrada la piel; vienen alicaídas, con algunos trapitos más y algunos francos menos. No tienen que tejer, como Penélope, el lino de la tela simbólica para comer pastelillos en Lhardy y soñar en el Real, pero tienen algunas que traspirar la sal absorbida en las aguas del proceloso, para no llegar á ser azucenas salobres de las funciones por horas. ¡Bien venidas sean las repatriadas de la canícula, las victimas familiares de los talleres de confección, de los casinos verdes y de las fondas de moda! La patria agradecida os saluda desde la catarata de la Puerta del Sol con chorro de agua del Lozoya. En cuanto á ellos, á la mayor parte de los jóvenes de botín blanco y roseta encarnada, yo no les doy más trabajo que el de recordar (porque contarlos no pueden) los centenes de bello oro español que les ha costado el viaje en seguimiento de las estrellas que más brillan, y los que han fenecido en Badén, Biarritz, etc. sobre algún tapete al encararse con el monstruo coronado de pámpanos que habita los palacios y cuevas de Babilonia. Venís con la borla y encajes de refinados, con diplomas de honor en las Lupercales paganas de las noches del Sena, pero os habéis dejado entre las zarzas del bosque la sencillez nativa, y acaso, algunos, el porvenir de vuestros nombres. Y pensando en los que así regresan, es cosa de decir que no vale, de seguro, tanto el fresco internacional. Es más barata y patriótica, más saludable y romántica la canícula de la Virgen del Carmen y de Santiago, á la luz de la luna de Madrid, sobre un banco de las Vistillas ó en una silla del Eetiro, ó en un baño del Manzanares, ó á la orilla del manso arroyo en las alamedas de la Florida, en torno de un perol de gazpacho. (DIBUJOS DE MÉNDEZ BEINGA) ENRIQUE SEPÚLVEDA