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615 dicho, indicándome una mesa y un pupitre: Este es tu sitio. Ayer mismo vi al presidente de la Audiencia y he conseguido tu nombramiento. Luego me ha presentado al secretario, sin negar nuestra amistad antigua. ¡Ya ves, con mi facha! ¡qué homhre tan cabal! En fin, cuando salimos, exclamó con su franqueza característica: Tú te impondrás en seguida en tu cometido; cuatro fórmulas que se iprenden á escape. Además, yo no soy tu jefe, sino tu condiscípulo. ¿Ves, Julio, ves cómo Dios aprieta, pero no ahoga? ihora mismo vamos á comprarte un traje con ese dinero, Y de paso tiraremos un duro en regalarle al niño un caballo de cartón. ¿Te parece? ¡El pobrecillo no sabe lo que son juguetes! -Lo mismo estaba pensando. ¿Qué mejor manera de celebrar nuestra felicidad que agasajando al que nos ha mantenido la fe en el porvenir? ¡Si no hubiera sido por él! ¡No lo recuerdes siquiera, Julio! ¡Es que hay crisis de la vida en que por cualquier parte donde se tiendan los ojos no se encuentra uno más que el abismo! IV- ¡Julio! ¿Qué es eso? ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? ¡Habla! ¿Sabes cuál es el primer registro con que inauguro mi negociado de defunciones? ¿Qué estás diciendo? ¡Lo que oyes! ¡El de mi pobre niño, que me ha robado la difteria en doce horas! A. PÉREZ NIEVA (DIBUJOS EE S A M P I E T R O)