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Á OCHO DÍAS VISTA Supresión de juzgados. -Nuevo uniforme p a r a la judicatura. -Señores de horoa y juzgado. Bl florete de Themis y la balancilla de Astrea. M a e s t r o s de p r i m e r a i n s t a n c i a y jueces de instrucción primaria. El presupuesto de la revolución. -Por qué no viene la Bepiiblioa. -Recaudación de impuestos. A lo que h a venido á p a r a r t o d o el movimiento fuerista y t o d a s l a s coplas p a t r i ó t i c a s de Calaínos. La supresión de los juzgados levanta infinidad de protestas en las localidades perjudicadas. Estas toman el cielo con las manos, como apelando al Juez Supremo, único juez que les deja el Grobierno de Su Majestad. Los funcionarios del Orden judicial que han quedado excedentes ó han sido trasladados, estudian el figurín de un nuevo uniforme compatible con la amovilidad de la judicatura. Birrete con visera de concha y cogotera de lienzo, toga recogida por las puntas, y gayata de autoridad. -Lo que yo siento, dice un señorito de pueblo, no es el juzgado, sino la escribanía. ¿Cómo es eso? ¿Le han robado á usted algún objeto de escritorio? -No, señor, me refiero á la secretaría del juzgado, que corría hasta ahora por mi cuenta. Las comarcas postergadas demuestran con la estadística en la mano que su juzgado era indispensable, porque allí, dicho sea sin orgullo, es donde se cometen más robos, latrocinios y crímenes nefandos, sin desconocer por eso la indudable importancia criminal de otras localidades españolas. La fórmula de avenencia entre el Grobierno y los municipios parece que será la siguiente: El que quiera justicia, que se la pague. Aprovechando esta facultad, no sólo los municipios, sino los grandes propietarios, podrán permitirse el lujo de tener un juez para ellos solos, y recorre rán sus propiedades rústicas y urbanas administrando á los colonos justicia gratis. Tendremos, por consiguiente, señores de horca y juzgado, como antes los había de horca y cuchillo. La protesta con de en por sin sobre los juzgados ha llamado la atención mucho más que la motivada por las capitanías generales. En efecto; aquí, donde la máxima regional es justicia y no por mi casa creímos que con toda tranquilidad y sin peligro alguno podrían hacerse un montón de economías en el ramo de Justicia. ¡Error funesto! Los pueblos españoles defienden palmo á palmo sus conquistas, valientes é incansables. Hoy se pelean por un capitán general, mañana por un juez de primera instancia, y al otro por un peatón de la correspondencia de los últimamente suprimidos. Mas ¡qué remedio! Las economías tenían que alcanzar también á la espada de Themis y á la balanza de Astrea. Aquélla era demasiado grande: con un florete basta y sobra. La balanza era igualmente excesiva: con una balancilla de mostrador hay suficiente. ¿Prosperará la idea de los juzgados pagaderos con fondos municipales? ¿Tendremos desde ahora en los pueblos, maestros de primera instancia y jueces de instrucción primaria? ¿Padecerá la judicatura bajo el poder de Poncio Alcalde, como ahora padece el magisterio? Mezquino es el Estado, pero crean los jueces de instrucción que vale más excelencia en mano que diez sueldos municipales volando.