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Á OCHO DÍAS VISTA San Sebastián mártir. -Esto se va, mejor diolio, esto ya se lia Ido. -Bañistas ñn de temporada Surtout point de zele. Los caballitos fuera del Gran Casino. -Malestar general jefe de cuerpo de ejército. -Dos noticias sabrosas. TJn poco de folk- lore. Cosecba de motines. -La hidra revolucionaria. La manzana y la sidra de la discordia. -Variedades botánicas del árbol de Guernica. Hemos tenido el disgusto de asistir estos días al segundo martirio de San Sebastián. Y en vista de los últimos sucesos, la iconografía del santo donostiarra variará de hoj en adelante. Los iinagineros y pintores religiosos que quieran esculpir, grabar ó dibujar la efigie del santo donostiarra, deberán representar á San Sebastián con boina, atado al árbol de Guernicá y acribillado el cuerpo de balas, que nO de saetas. ¿Quién nos lo había de decir? La Concha de San Sebastián convertida en general Concha por los bélicos ofrecimientos del marqués de la Habana; la Zurrióla transformada en Zurriaga; el mar Cantábrico hecTio todo un mar Rojo por los afluentes de sangre que llegan á él; las casetas de baños transformadas en tiendas de campaña; los granos de arena de la playa convertidos en granos de pólvora; los bañistas, que se desparraman mientras la Guardia Civil se reconcentra; toda la colonia aristocrática huyendo á la desbandada, mientras queda bañándose aislado, como único representante de la nobleza, el Conde de Venadito Esto se va, mejor dicho, esto se ha ido; porque, al menos en San Sebastián, no debe quedar un alma. Como no sea el alma de Garibay vagando por la calle de su nombre. Supongo que á estas fechas ya habrán declarado á Guipúzcoa en estado de sitio, ó, por lo menos, en estado de Real Sitio ya que allí reside la Corte. De todos modos, ahora en la Concha ya no toman baños más que los civiles, los miguéletes y alguno que otro general de esos que han ido de gran unifonne á ofrecerse al Gobierno, como si á toda hora y é n t o d a ocasión no estuvieran á las órdenes del Poder constituido. -Señor presidente, le dicen á don Práxedes, pugnando por sacar la virgen espada; ya he sabido lo dé las piedras, y aquí estoy para lo que haga falta. -Pues ahora lo que hace falta son soldados; de modo que vaya V. E. abajo á ponerse de centinela. -Amigo Sagasta, dice otro, arreglándose el nudo del fajín; aquí me tiene usted para mandar veinte batallones, ó lo que se ofrezca. -Pues, hombre, como mandar, no hace falta ahora más qiie mandar llover. Surtout point de zele, decía Talleyrand. Y en efecto, si por cuatro gritos que dan media docena de paisanos inermes, montan á caballo y désen- vainan el chafarote muchos de nuestros generales, ¿qué sucederá el día que un ejército extranjero se- nos presente en la frontera? Son capaces de tragarse los Pirineos con todo lo que tengan detrás. Por ahora tío hay necesidad de que se alborote ningún plumero. En el Gran Casino se había suprimido el juego. Pues bien, el juego ha salido á la calle, y los caballitos de metal han sido sustituidos por caballitos de la Guardia Civil. No diré yo que deje de armarse la gorda. Y aunque ésta supere á la gorda franci 3 sa del siglo pasado. Aquella empezó en un juego de pelota, y de éstos sobran en San Sebastián. Por de pronto. Jai Alai, Beti Jai y otras palabras por el estilo, más que frases articuladas, parecen gri-