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601 te madre, para que él lo sepa y pneda indagar si el novio es un pillastre ó persona capaz de amar las cualidades morales y de hacer feliz á una fea, como él ha hecho á laque les ha dado el ser. Hasta ahora, ninguna de las muchachas se ha enamorado, por fortuna, de uno solo; están enamoradas de todos, es decir, que les gustan todos en general; pero con el conocimiento que tienen de los propios defectos y con el discreto consejo paternal tienen bastante defensa contra las malas artes de los buscadores de fortuna, y les dan calabazas con mucho donaire. La madre ha dicho alguna vez á su marido, cuando éste habla con ella del peligro en que se hallan sus hijas de casarse con alguno de esos perseguidores de gangas: -Pero, hombre, yo era bien fea cuando me casé contigo, y somos muy felices. Tú, entonces, no me querías, tú mismo me lo has confesado, y luego me quisiste mucho. -Es verdad, te he querido y te quiero; pero dime, ¿y si no te hubiera querido? -i Ay! No lo quiero pensar; habría sido muy desventurada Me hubiera muerto de pena Las chicas de Tafilete no se casan, probablemente no se casarán, si Dios no les quita el juicio, que ahora tienen muy firme; pero el que se va á casar es el chico, Roberto Tafilete, que es mucho más feo que ellas, más esmirriado y más ridículo, y tartajoso, y con un hombro más alto que otro, con unos pies de aguador, y algo giboso, y se casa con la chica más bonita que ha ido este año á San Sebastián, una chica más hermosa que la Bella Chiquita, hija de un personaje de muchas pretensiones y poco dinero. Roberto tendrá quince mil duros de renta, y aunque es tan defectuoso y algo memo, le ha parecido á su prometida el más gallardo de todos sus pretendientes. CARLOS IDTRÜIOg DE Gr. Oo) FRONTAURA EL CLAC, POR M E C A C H l S Estaba por entrar otra vez y cambiar el sombrero que me he comprado por un clac. Porque, bien mirado, lo que necesito es un clac. ¡Ahora daba cualquier cosa po clac I iClacll