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592 pues da del arpa del burro sobre los tiesos tendones, y desciende una criada con ojos que son dos soles, con guindas en los dos labios y cutis de albaricoque. ¿Cuánto vale esa verbena? la que tiene las dos flores. -Pues ese rosal, con tiesto, por cuatro reales lo doy. -La verbena digo. ¿Es mucho? -Digo la verbena. -Entonces lo dejaré en los tres reales. -Si no digo el rosal, hombre. ¿Le parece todavía caro, y tiene doce brotes? -Pero aunque tenga más hijos que Matusalén, ¡demontre! Si el rosal no es lo que quiero; si es la verbena, alcornoque. -Pues, hija, por ese precio no aguanto yo los sudores que me cuestan el venir desde la huerta del Conde. ¡Pues anda con mil demonios, so pedazo de armatoste, y ojalá se espante el burro y te pegue cuatro coces! Una peseta lo menos. -Digo el rosal. -Pues entonces la dejaré en los tres reales. -Si yo digo el rosal, hombre. ¿Que es cara? Por menos precio la vas á hallar no sé dónde; tiene dos flores abiertas. -Pero aunque tenga más flores que boquetes tiene el queso y m pinar tiene piñones Si no quiero la verbena; si es el rosal, ¡caracoles 1- -Por ese precio no encuentras un tiesto, asi te desojes; ¡digo, un real! ¡arre, borrico! ¡Pero será animalote el grandísimo palurdo! Si es el rosal, y van doce. -Para acabar: por dos reales doy la verbena, ó me voy. ¡Anda y que te den dos tiros en la cabeza, por torpe, y que el burro se encabrite y te pegue quince coces! No se espanta, pero aspira no sé en el suelo qué olores, y dobla el labio y se ríe de la mujer y del hombre. Llevo la rosa, el jacinto, el clavel de mil colores, la albahaca, la verbena, el jazmín, los girasoles canta de nuevo la tapia, y baja, al sentir las voces, una niñera tan linda, que parece un clavel doble. -Ese rosal, ¿cuánto vale? ¿Esa verbena con flores? En este mundo en que vamos todo está tan disconforme, que cada caso recuerda el borrico de las flores. SALVADOR (iLrSTlíACION Eg DE GROS) RUEDA