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GALERÍA DE TIPOS LA MODISTILLA El tipo es genuinamente madrileño é infalsificabie. Viene de muy abajo; pero se da el caso con frecuencia de llegar muy arriba por virtud de su propio esfuerzo, y perdonen ustedes que haya empleado el término virtud. Lá modistilla en su estado de origen suele ser la chica de la portera, del albañil de la guardilla, del zapatero del portal, ó de otro industrial por el estilo, siempre de menor cuantía. A los diez ó doce años está en condiciones para ser, con el tiempo, una chula de rompe y rasga ó una señorita. Todo dependerá del rumbo que tome y del medio en que se desarrolle. Si entra en la fábrica de cigarros ó se 1 lace ribeteadora, chalequera ó pantalonera, será chula clásica y pintoresca, de esas que usan palabras gordas (aunque graciosas) que lo mismo se amotinan contraía autoridad que le sueltan una galleta al galán de su predilección. Si, por el contrario, entra en un taller de modista, con los mismos elementos y siendo idéntica la primera materia, toma rumbo muy distinto, descubre otros horizontes, tiene otros sueños y realiza otras aspiraciones Al año de ser aprendiza ya comienza á notarse de modo sensible la variación. Como todavía no aprovecha gran cosa con la aguja ni con la máquina, la maestra la envía frecuentemente á cobrar facturas aíwras que dice ella al principio. El hijo, el marido ó el hermano de la parroquiana devora (con los ojos) ala aprendiza, y la parroquiana, si es esposa, suele decir: ¿Por qué enviarán á esta chica á cobrar las cuentas? Tal ocupación sería más propia de un muchacho. En muchos casos diría la señora: Vuelva usted otro día con la cuenta. Pero por evitar qae el señor vuelva á ver á la chica, paga en el acto, haciendo á veces un sacrificio. Cuando la aprendiza llega á oficiala, la transformación es completa. Quien la vio priniero diableando con los chicos en el arroyo y después cobrando SLS aturas de su maestra, no la reconocería hoy seguramente. En cuanto aprende á construir vestidos elegantes, principia á elegantizar su persona, y si no en la calidad y riqueza de las telas, en el corte y en el aire echa el resto de toda su sabiduría. Delgada, esbelta, bonita, airosa y flexible como un junco, va por esas calles de Dios dando la hora, mientras llega el feliz mortal que ha de dar los cuartos Como en las ganaderías de reses bravas, las hay de distintos pelos y con divisas diferentes: rubias, morenas, trigueñas, castañas... castañas sobre todo.