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HISTORIA DE UN ALFILERITO Quise prenderme al frac una esearapelilla conquistada en el cotillón, y me dirigí á un precioso acerico colgante que había en el gabinete de la duquesa. En aquel acerico no había más que un diminuto alfiler. ¡No, no, ese no! exclamó con extremosa vehemencia la duquesa. Causóme extrañeza aquella súplica, que tuve por efecto de una superstición. ¿Por qué me impide tomar ese alfilerillo? ¿Qué habría en ello de extraordinario? Es triste que las cosas no puedan contarnos su historia! Mas resulta que yo no sé si fué un sueño mío, ó si por arte mágico se produjo la realidad de lo que voy á contaros; lo cierto es que, verdadera ó imaginada, tengo la idea de que el alfilerito, por darme una lección, y para que otra vez no condenase al desprecio cosa alguna, por pequeña que ella pareciese, me refirió sus aventuras. Había nacido en una fábrica á la vez que centenares de hermanos suyos, los cuales, al ser em-