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f Á OCHO DÍAS VISTA POTPOURRI ¡Y se quejan los periodistas de escasez de noticias! Quejáranse del calor y seria yo el primero en proponer que escribiéramos todos metidos en agua, aun á riesgo deque las cuartillas fuesen papeles mojados; dijeran que la tinta se seca en los tinteros y el cerebro dentro de la cabeza, y con ella les. diría que sí; pero, ¡escasez de noticias! Ni los días más animados y fecundos del invierno dan á la pluma tantas ocasiones para moverse ni tanto tema para desarrollar. Diríase que la fuerza del sol ha hecho fermentar de tal modo el agua de los charcos y el cieno de las malas pasiones, que ya no son microbios (como en o ro tiempo) los animales que se ciernen en la atmósfera, sino sapos de tamaño natural y culebras como Leviathanes. Extraordinaria sequía agosta los campos y convierte á los ríos más caudalosos en Manzanares honorarios. Los madrileños piden á gritos que corra la fuente de la Puerta del Sol. Y algún sujeto, constituido en autoridad municipal, dice ante los grupos más sofocados: ¡Si ya corre, pero se evapora! Gomo dicen que corre y se evapora enseguida la renta de consumos. No tiene otro remedio que sumergirse en la fuente el heroico ciudadano que quiera ver á las doce del día cómo baja ese bólido de fuego que se llama bola de Grobern ación Algún madrileño desesperado encuentra á un amigo en la calle y le dice: ¿Quieres ser mi padrino? ¡Cómo! ¿Te casas? No. -Menos mal. ¿Te bates? -Tampoco. -Entonces- -Es que voy á meterme en la fuente de la Puerta del Sol, y necesito alguno que me saque de pila. En los campos, la falta de riego tiene preocupados á los labradores. TJOS fueristas vascongados podrán cantar el Guernicaco arbola. Los labriegos castellanos y aragoneses no cantan más que el himno de Riego. En vano miran al cielo, esperando encontrar la anhelada nube. El cielo, claro y despejado, no presenta más que estrellas, estrellas, estrellas No es cielo aquello. Es todo el presupuesto de la Gruerra gravitando sobre el infeliz labrador. El calor favorece sin duda el desarrollo de las plantas trO icales y la creación de Juntas de defensa. Le pisa usted á un. transeúnte uno de sus juanetes predilectos. Del juanete atropellado brota al instante una Junta de defensa. Se incomoda usted con el criado y lo echa usted fuera. Otro fuerista más. Se incomoda cualquiera con un vecino, y le tira un cacharro. El agredido, en vez de contestar al agresor, se vuelve contra Gramazo, que es ahora la cabeza de turco; lo que es en el circo el clown tonto, que recoge todas las bofetadas.