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566 Los Tritones á un lado. Las Nereidas á otro. Esa fué la ley natatoria del Olimpo pagano. Desde la orilla, el espectáculo ofrece bastante interés. Hay abonados á diario, primero y segundo turno; los hay que toman notas como en las corridas de toros; que aplauden las osadías natatorias ó los terrores inocentes, y cuando salen del agua la viuda ó la donna é movile agarradas á la. cuerda y con el traje ceñido al cuerpo, gritan de todas partes: ¡Brava! Y ya está. El agua del mar, clara, salada, que viene de adentro, va cumpliendo su misión, va, dando tonos de vigor y de gracia á las hermosuras casi marchitas del invierno, y los gérmenes vitales se curan en sal dentro de burbujas de espuma condensada en átomos atmosféricos. Igual escena se repite á diario en San Sebastián, el Sardinero, Biarritz, Trouville, en todos los puertos de España y el extranjero donde hay playas hospitalarias sin tiburones y sin ingleses. Falta un detalle complementario, que vendrá con el tiempo. Falta que las bañistas de alcurnia, repartan á domicilio, para gobierno de sus íntimos, tarjetas de invitación como ésta, por ejemplo: La Condesa de participa d usted que mañana se baña y se QUEDA en el mar de once á once y media, junto á la CUEEDA tal. Si estas recepciones llegaran á establecerse, la cuestión magna del buffet no sería enojosa, pues habría un medio sencillísimo para cumplir con todos los invitados: Darles ag la á discreción. ENRIQUE SEPÚLVEDA