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Pues, señor, hace tres años estoy, lectores queridos, gestionando me despachen un asunto muy sencillo. Al Ministerio del ramo llegué ayer sudando el quilo. Los porteros dormitaban en medio de los botijos. Me introduje en un despacho que ya me era conocido; mas lo tienen tan á obscuras por miedo á que los mosquitos y las moscas dejen hue las en los expedientes miseros, que allí saludé á un armario creyendo que era un amigo. ¿Y el señor Porra? -Está ausente. -Pues le esperaré un ratito. -Si espera usté al señor Porra va usté á cansarse muchísimo, porque ahora está con licencia tomando baños en Trillo. ¡Ah, vamos! ¿Y el señor Gómez? -En Santander. ¿Y Don Pío? ¡Ese estará de seguro! -Sí, de seguro está en Pinto. ¡Hola! ¿Y quién le sustituye cuando él se va? -Don Remigio, elque se sienta ahí enfrente. ¿Y cómo no está en su sitio? -Porque casualmente anoche se marchó á Vitigudino para asistir á su abuela, que está con el garrotillo. Entonces yo, amostazado, poniendo el cielo en el grito, dije: -Señores, ¿qué es esto? ¿A qué extremo hemos venido? ¿Conque ya no hay quien me entere de mi asimto? -Señor mío, ¿yo no soy nadie? (responde el escribiente, ofendido, abanicándose el rostro con la copia de un oficio) Además, en esa mesa tiene usté á Escarabajillo, que podrá informarle. -Gracias. El coleóptero aludido está en mangas de camisa durmiendo como un bendito, echado sobre el pupitre y lanzando unos sonidos que, más que de oficial cuarto, parecen de bombardino. i, iV it -r Vi. que consumió el infrascrito. Y éste, que tiene tres dedos en el tintero metidos por distracción, y además está con siete centímetros de lengua fuera, presenta el aspecto más ridículo. De pronto saca la ruano de su tintero, y dormido la planta sobre un decreto que estaba poniendo en limpio el escribiente, que al verlo le da nn capón. Al sentirlo el agraciado, se estira y envía lo menos cinco legajos á la iionchera. Esta pierde el equilibrio y se me cao sobre un callo, lo cual me hace dar un grito. El funcionario despierta, y en la calva el muy cocliino se restriega aquella mano, que tiene el aspecto mismo de un calamar en su tinta y so qiieda tan tranquilo. Una vez despierto el hombre le pregunto yo con mimo: ¿El Director ha informado acerca de mi asuntillo? -Aquí tengo el expediente (responde el oficialito) pero no le hemos tocado lo menos desdo principios de Febrero; y ahora, á causa de este calor excesivo, de siete auxiliares que éramos, están con licencia cinco. Le rodean expedientes polvorientos y amarillos. Fraternizando con ellos está en la mesa un servicio de limón y de cerveza