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555 contrabandista, sombrero cordobés derribado sobre el- cogote, j capa sujeta al hombro izquierdo, arrastrándole por el suelo lo demás del paño. Blandía mi hombre una navaja descomunal con honores de machete ó sable, y con ella dibujaba en elairé tajos y reveses y daba tremendas puñaladas en las paredes de uno y otro lado. Animábase en estos ejercicios recitandoen voz alta, enronquecida por el zumo de uva ó leche de parras, y con lengua torpe y trapajosa, el invariable monólogo del perfecto borracho. Como mi paso por la calle era forzoso, y temí algún desaguisado, me paré en la esquina con la esperanza de que siguiera su camino, si por ventura seguía alguno aquel adorador de Baco y discípulo de Marte, y entretúveme en escuchar sus discursos. -Por aquí no pasa naide, decía él, hablando solo y haciendo milagros para guardar el equilibrio. ¡Ole, vivan los valientes! Pa guapo yo y la gente e mi barrio, la gente e Triana. Áíli toos semo unos barbianes. Estos señoritines e Sevilla, ni sirven pa náá, ni valen náa; ¡Viva la mare que me echó ar mundo, y viva yo, y lo valiente qué soy! Y acreditándolo con los hechos, descargó ima terrible puñalada sobre la pared, que. estaría reblandecida por la lluvia, pues cayó al suelo un m. ontoncillo de escombr o s; ¡Josún exclamó el beodo, admirando su propia. hazafia j el desconchado. y desclavando ¡Náa, que por aquí no pasa naide sin que lo moje Na más el navajón. ¡Josún... ¡Si esto jago con un cuerpo e ladrillo, qué nó jaría- con un cuerpo e carne e verdá! ¡Que vengan guapos! mi barrio! En esto, al dar un enorme traspiés, deslizáronsele al suelo, sin que lo advirtiera, sombrero ycapa, quedando ésta tendida á lo largo. ¡Que lo digo, no pasa naide! si son una pañosa (1) y un estache repetía él, con la pesadez del vino. Pero ¿québurto é jese? dijo, fijándose en la capa y el sombrero. ¿Habré m á t a ó á arguno sin sentirlo? Vamos... pos (2) Argún pobrete, viéndome aquí jecho un Francisco Es- y que teban, se habrá esnuáo esa impeimenta pa juí con toa liberta. ¡Náá, quepa valiente yo de los mozos crúos! que la gente er barrio, los trianeros, porque los valientes nos ebemos respetó... ¡Ole ya, y. viva por aquí no ejo pasa á naide más que á la gente e Triana, á la gente e mi barrio, que é er barrio Faltándome ya la paciencia, me aventuré á entrar en la calle, pegando mi cuerpo á la pared y empuñando el bastón como arma defensiva. Llegué, receloso, á ponerme enfrente del orador, y cuando yo esperaba que éste me acometiera, vi con asombro que retrocedió y cerró la navaja, diciéndome al propio tiempo: J O S É DE VELILLA ¡Vayasté con Dio, y sin cudiao, que usté va pa er barrio! (1) Capa. (2) Sombrero.