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553 Juanito se propuso conquistarla, y pronto comprendió que la dama le miraba con interés. Ta se consideraba dueño de la opulenta Tiuda y discurría cómo comprometerla á casarse con él, cuando una noche, al separarse de su enamorada, á quien había acompañado al hotel desde el teatro, se le acercó un arrogante capitán de caballería que parecía un gigante y le dijo: ¿Usted es Juanito Eetama? -Servidor de usted. ¿Qué tiene usted que decirme? -Poquita cosa. Míreme usted bien. ¿Qué significa- ¿Le parece á usted que yo tengo cara de aguantar que un perdü como usted se llame mi papá político? -Esa broma- -No es broma. Yo soy hijo de la señora á quien usted está engañando miserablemente. Un amigo ñel me ha avisado de lo que ocurre, y desde Sevilla he venido á hacer á usted la pregunta que acaba de oir, ¡Caballero, usted no tiene derecho- -No tengo derecho, pero tengo un sable muy hermoso, con el que pienso cortar á usted las orejas si vuelve á acercarse á mi madre, á la que debe usted respetar por sus años y por el reblandecimiento cerebral que padece. Juanito comprendió que las orejas corrían peligro, y desistió de la conquista. El capitán se llevó consigo á la pobre loca, que lloraba por su Juanito como si hubiera perdido una alhaja. Juanito está ya escarmentado y no quiere nada con mujeres que tengan familia. Su bello ideal es una vieja verde, y esta ganga es la que piensa haber encontrado en San Sebastián. Hay algunas, pero la que entre todas merece su preferencia es una dama extravagante que hace dos años compró un hotel en la Concha y allí pasó el verano anterior, y allí se encuentra desde principios de Junio último. Juanito averiguó el año pasado todas las circunstancias de la vieja. Esta es americana, viuda, y tiene casa propia en París y en Barcelona y en el Puerto de Santa María. r vi 1 l S t wis jMi n itinruinr AMMCW- VWC j i f nin HÉI S Ji ii.ii aaf. a- as. s. iu. n s- i V. í Todas las noches en el teatro, Rutama, desde su butaca, contempla, sin quitarle ojo, á la vieja, que ostenta en su palco los trajes más exagerados é impropios de su edad, y deslumhra á su enamorado con los brillantes que luce en el cuello, en las orejas y en las manos. Acompaña en el palco á la vetusta dama una linda joven, hija del administrador de sus propiedades, una muchacha verdaderamente encantadora, y es de ver que todo el mundo mira con deleite á la muchacha, j sólo Eetama tiene fija la vista en la vieja, por donde todo el mundo se ha enterado ya de las intenciones del buen mozo. La situación no puede ser, ciertamente, más ridicula para él, pero no le importa. Consiga él lo que se ha propuesto, y lo demás poco le importa. Luego que se apodere de la vieja y de su fortuna, los que ahora se ríen no dejarán de hacerse sus íntimos, si pueden, y si abre su casa y se muestra expansivo y espléndido, no le faltarán aduladores, y hasta habrá poeta que cante las virtudes de la vieja y de su marido. No es tonto Eetama, eso no, ni le falta instrucción, y si quisiera trabajar, lo que hiciera lo haría bien; podría utilizar con honra su título de abogado, pero no tiene él paciencia para hacer su camino lentamente por medio del estudio y del trabajo. Para ser un personaje en este país, piensa, el camino más largo es el del trabajo. Y recuerda cien ejemplos de personajes que todos mis lectores conocen de vista ó de oídas, y que la posición que disfrutan débenla exclusivamente á su desparpajo y poca aprensión, por no decir poca vergüenza. Lo que es Juanito, este verano compromete á la vieja á casarse con él. Ya verán ustedes cómo en Octubre ó Noviembre se anuncia la boda en los papeles públicos. CÁELOS FRONTAURA J