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TIPOS DE VEEANO JUANITO RETAMA Ya está eu San Sebastián Juaidto Retama, y este año ha de cumplir su propósito, porque ya no puede esperar más. Hace cuatro veranos imaginó el plan que se propoue realizar ahora á todo trance. Como que la realización de ese plan es su única salvación. Ya 1 S no tiene una peseta, ni crédito. Por milagro ha dado con un usurero que le preste seis mil reales mediante una escritura de depósito de tres mil pesetas; y el sastre, á quien debe la ropa del año pasado, le ha hecho un traje de mañana y otro de sociedad para que pueda ir á la capital guipuzcoana y realizar el plan. Él sastre mira con cierta consideración á Juanito, porque le ha proporcionado mucha parroquia. Juanito es un elegante de lo más nl iCj y ha servido de figurín al sastre. Y si Juanito, que en otro tiempo le llagaba bien, ahora le paga mal, ó no le paga, en cambio los parroquianos rt que le ha proporcionado le pagan muy caro el gusto de que les vista el sastre de mejor tijera de la corte. iAdemás, el sastre, que conoce el plan jpi de Juanito, no duda que lo llevará á- í término, y en llegando ese día, espera cobrar todo lo que le debe. Gracias, pues, al sastre, Juanito es también este año en San Sebastián el caballero nrejor portado que se pasea por el hvuZoi- ard y baila en el Casino y se leja ver en la playa. Y qué plan es el que lleva Juanito á San Sebastián? TTn plan m iy sencillo: casarse. IJer- cdó la fortuna do sus i) adres, y se gastó alegremente una mitad y se jugó la otra; heredó luego á una tía, y lo mismo. Tiene aún otra tía, pero ésta, que ha visto lo que ha hecho con las dos lierencias, le ha anunciado que ya tiene dictada su disposición testamentaria en favor de los niños de la Inclusa, que seguramente no derrocharán el caudal. Juanito Retama no halla otro medio de evitar la ruina estrepitosa que le amenaza; se casará con una mujer rica, y en casándose, se meterá de hoz y de coz en la política, y poco ha de poder si no logra que le hagan diputado; y una vez diputado, será todo lo que le dé gana de ser Hace cuatro años que persigue esto honesto fin. Pensó primero sor yerno do ministro, ó de capitán general, ó de Presidente de algún alto cuerpo, pero ya estaban cogidas todas esas buenas proporciones; y si alguna quedaba, hallábase todavía en el colegio ó en el período de la lactancia. Tuvo, pues, que renunciar forzosamente a elegir su víctima entre las hijas de los grandes perso- najes. Se habían acabado las útiles. Entre las hijas de banqueros, que aún había algunas, ¡to logró ¡nucha aceptación. Los padres olieron que el mozo estaba con el ao- ua al cuello v le hicieron cruda guerra. Una, más fea que el pecado mortal, estuvo á punto de escapaj se eon Juanito; pero el padre, vigilante siempre, lo estorbó, v propuso al raptor que eligiera entre recibir mil duros de gratificación como premio de su desistimiento, ó una paliza. Juanito, puesto en esta alternativa, optó por lo primero. A los cuatro días, ni uno siquiera le quedaba de los mil. Trató de enderezar sus exploraciones hacia el ramo de viudas de buen ver, y no fué más afortunado. Son muchos los ejemplos de viudas que han pagado muy cara la satisfacción de contraer segundas nupcias, y ya no se conmueven fácilmente. Una encontró que pasaba de los cincuenta, pero hermosa, que en los conciertos, en el Casino de San Sebastián lucía vistosísimos trajes, y por las tardes paseaba en una ligera ceíía arrastrada por dos briosas jacas, y en el teatro tenia palco, y no faltaba nunca en Beti- Jai ÍV l 1 ÍL L