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547 Todo se adultera, se mixtifica y se tergiversa. El furor verbenero, que constituye el único encanto de Madrid todos los años por esta época, dicen que ha degenerado hasta parar en un abuso intolerable. Así, al menos, lo afirma un periódico de gran circulación, tronando contra los organizadores ú organillizadores de esas fiestas populares con organillo. Parece ser, en efecto, que la gente joven de cada barrio no se contenta con menos que con asolar los viveros municipales para adornar calles y plazas con follaje; que después interrumpen el tránsito con vallas, tablados y salones de baile; y que, llegada la noche, los organilleros no dan paz á la mano, interrumpiendo el tranquilo sueño de la vecindad pacífica. -Esto no puede seguir así, dijeron las personas formales. Y organizaron en el acto la segunda de nuestras sociedades de templanza Los padres de familia contra las verbenas. De ella forman parte muchos concejales y el mismo alcalde- presidente, que aparece indignado, no por la baja de los consumos, sino por la tala de los viveros y el saqueo de los almacenes municipales. ¡Grloria á Ángulo en las alturas, y paz y silencio en la corte á los vecinos de buena voluntad! La verbena de San Lorenzo, una verbena á la parrilla, será quizás la última de este año. La virgen de Agosto, San Roque y San Bartolomé, pasarán en silencio ó festejados por el sistema celular. Cada uno en su casa y el santo en la de todos. Sistema romano puro. Cada ciudadano festejará privadamente á sus manes, lares y peneques. La cosa está que arde, sobre todo en Andalucía. Con frecuencia desconsoladora se repiten los incendios en aquella región, y hay quien atribuye el calor de estos días á los rescoldos andaluces, que hacen temperatura para toda España. Los incendios de Córdoba han sido un espectáculo terrible, pero grandioso, según telegrafiaron algunos Nerones venidos á menos, hasta parar en corresponsales. Un inglés que contemplaba el incendio de la sierra, apuntó en su carnet la siguiente nota: España ser el país de siempre. La Inquisición no ha desaparecido. Mí ver muchas hogueras en la sierra de Córdoba. Unos atribuyen los sucesos á venganzas personales, otros á la mano rñisteriosa del anarquismo, otros á la combustión espontánea; versión la última no desprovista de fundamento para quien se dé una vueltecita por Sevilla en estos hermosos días de Agosto. Indudablemente hay una mano oculta. Es posible que sea La J ano Negra; acaso se traie nada más de La Mano Ahumada. El caso es que los prop, dtarios andaluces se verán obligados á plantar arrozales mientras dure la moda incendiaria y hasta que el anarquismo diga: ¡Se acabó el carbón! Repito, sin embargo, que todo ello puede ser fruto de la casualidad. ¿Usted cree, me decía un propietario, que estos incendios han podido producirse con algún objeto? -Sí, señor, con una cerilla. Rllf BL LUIS ROYO VILLANOVA