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Á OCHO DÍAS VISTA o t r a vez l a s Capitanías. -Hl t r e n e x p r e s o Vitoria c o m p l e t a -S e i s m e s e s d e m o t i n y lo q u e t e r o n d a r é m o r e n a -V e r b e n a s a m e n a z a d a s -L o s p a d r e s de farailia c o n t r a l a s v e r b e n a s Los organillizadores. -Verbenas caseras. -Los incendios de Córdoba. -Vuelta al antiguo régimen. -L a m a n o o c u l t a l a m a n o n e g r a y l a m a n o a h u m a d a S e a c a b ó el c a r b ó n V a n á plantearse las reformas militares con las cuales han obtenido un fabuloso éxito el Gabinete habitaciones contiguas. P o d r á n los enemigos de la situación apoyarse en los desórdenes ocurridos en la capital alavesa para tachar de inoportuno y desgraciado al Gobierno, pero á buen seguro que éste exclamará, echando mano del mismo argumento ¡Y que! Sobre todas vuestras censuras, ¿no ha repercutido en España entera el eco de una completísima Vitoria? P a r a tranquilizar al público, dice ahora parte de la prensa que son prematuras é inmotivadas tales protestas, porque desconociéndose aún el fallo del Co Supremo, no se sabe dónde residirán por fin los jefes de los futuros cuerpos de ejército. Y á cualquiera se le ocurre decir: -P u e s si no habiendo razón alguna llevamos seis meses de jaleo continuo y ambulante, ¿qué va á suceder el día en que á los capitanes generales se les dé la boleta definitiva de alojamiento? ¡Corpo di Saco! mejor dicho, ¡cuerpo de ejército! Y lo peor es que allá en el invierno, cuando todos los ministros están en Madrid, pueden á mansalva hacer y deshacer desde las columnas de la Gaceta; mas ahora que andan por ahí en los expresos, ¿cómo evitar las manifestaciones de enojo de las provincias? Sólo hay u n medio. Llevar la redecilla del coche llena de capitanes generales, y arrojarlos al paso de las estaciones, como arroja el ambulante las sacas de correspondencia. Mientras no haya para todas, cada provincia querrá ser la preferida. Y procurará hacerse digna de la preferencia por cuantos medios estén á su alcance. ¿De qué modo? Nada de protestar pacíficamente, porque entonces podría decir el Gobierno: ¿P a r a qué llevar tropas á región tan pacifica ycomedida? Se arman mothxos, se apedrea al verbo, se silba todo lo silbable, y enseguida se envía á San Sebastián una comisión que le diga al ministro de jornada: -Y a ve V E que nosotros necesitamos, no digo j- o u n capitán general, sino tres cuerpos de ejército con equipo de campaña, y un tren de sitio por si acaso.