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II Dos camas y un gabinete en Liianco, puerto de pesca, allá en la costa de Asturias; dieciséis días cuarenta. El viaje, mi esposa y yo: dos billetes de tercera a precios excepcionales reducidos, de ida y Tuelta, con tranvía á la Estación, los mozos y la merienda, cien pesetas. Quince baños, con propina, ocho cincuenta. Tres pesetas la comida, llevando de aquí habichuelas, garbanzos y chocolate, azúcar, cafó y lentejas, jabón y queso manchego cuarenta y cinco pesetas. ü n vestido de percal y cuatro pares de medias para mi mujer dieciocho. Una barajita nueva para jugar por las noches al tute cero cincuenta. Para imprevistos, que siempre ocurren estando fuera, diez pesetas. ¡Me parece que no me sale la cuenta! A mi esposa le hacen falta baños; la pob i Si me hicieS en los billetes la Empresa del ferrocarril! Pero á un oficial quinto de Hacienda que no grita en el Congreso ni escribe para la prensa, ¡qué ha de rebajarle un real la Compañía francesa! Aunque yo pida una paga y empeñe la ropa negra. 9: el presupuesto de gastos de fijo no se nivela. ¡Son cuarenta y cuatr auros y medio! ¡Cara le cuesta á un matrimonio sin hijos la expedición veraniega! JOSÉ J A C K S O Í Í VEYAISÍ