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GIJÓlí. -lío es la simpática playa asturiana uno de aquellos pueblos que el toiiriste toma como país conquistado porque sabe que únicamente la vida veraniega sostiene 3 alimenta á la población indígena. No; Gijón no es como Deva, como San Juan de Luz, como otras playas y sitios del interior, que viven sólo, por y para los forasteros, y en donde éstos forman la Coloiiin de verano, aislada absolutamente de los naturales del país. Gijón es uo pueblo rico, industrioso, independiente, con vida propia y próspera, porque ve á orillas del mar, no su playa, sino su puerto. Recue rdense, si no, las famosas cuestiones á que ha dado lugar la construcción del puerto de Musel y las casi legendarias disputas entre mii eMstnK y irpaíjníloriiitaíi. Gijón mira seguramente con más cariño á sus f ál) rioas que á sus hoteles; con más amor á sus obreros que á sus Ime spedes de verano; con más entusiasmo á sus poderosos drol s, que vacían el carbón por toneladas en las bodegas de los trasatlánticos, que á las cien ambulantes casetas que suben y bajan, ya perseguidas por el mar, ya persiguiéndole ellas mismas, como puntos de límite del Cantábrico ó centinelas incansables de la marea. Mas, á pesar de todo, Gijón, llegado el -erano cumple sus deberes dt; hospitaHdad como otra población pueda hacerlo, y aun mucho mejor, ya que dispone de medios más abundantes. Las gentes del Principado y las de toda España que acuden á Gijón atraídas por el moderno y vivo movinncnto hacia el Noroeste, encuentran salud en las aguas, lujo y confort en la población, comodidades de todo género en aquellos grandes hoteles montados sobn! zarpas de hierro, entre las cuales corre el mar cuando sube estrepitoso en las diarias furias de la marea alta. GIJOX ALICANTE. -Es forzosa la disyuntiva. Para encontrar un clima sano, igual, y jjodriamos decir tenipéutico, hay (jue embarcarse para Canarias ó invernar en la simpática capital valenciana. Allí, al pie del cerro del Castillo, que parece resguardarla de todo viento malo y de toda iníiiiencia perniciosa, se extiende la población alicantina formada en columna de honor y j) resenciando la eterna parada del Mediterráneo, que lame sus tres playas: la del Isabel á la derocha de la población; las del Postiguoty del Arrabal dándose la mano á su derecha. Forma el puerto un ángulo entrante frente al paseo de los Mih tires, y se cierra por el lado del mar con las dos grandes lenguas del muelle y del contramuelle, que casi se abrazan lejos de la costa. El baño en aquellas aguas tranquilas y en aqtxellas playas que parecen tiradas á cordel, es más agradable, porque la bondad marítima se rejrite en la bondad del cielo, como el azid del cielo se refleja en las OTidas del mar. Con baños y sin baños, en verano como en invierno, la playa, ó, mtyor dicho, el clima de Alicante, es panacea qite todo enfermo busca y medicina recetada por todos los doctores. Biarritz, San Sebastián, Deva, todas las playas del Cantábrico se recomiendan para el estío. Alicante es un San Sebastián para las cuatro estaciones, ó mejor diríamos que para una sola, ya que allí se disfruta de una continua, saludable y encantadora primavera. LUIS E O Y O V I L L A N O V A ¡tíf f iÍ ¿i; (De fototipias de los Srcs. ílauser y Menet. ALICANTJi