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515 II- ¡Infame! ¡Ingrata! ¿Quién había de sospechar que un rostro seráfico, de mártir cristiana, de una dulzura suprema, no escondiese en el pecho un corazón? Fíese usted del agua mansa. Muy apaciblemente, con su mansedumbre habitual, sin dejarse de sonreír, me ha tratado como á un chiquillo, y yo, con toda mi astucia, con toda mi sagacidad de hombre, no he sabido defenderme de esa linda muñequita de china. ¡Animal! ¡Y nada, que no me ha dicho para quién es el ramillete! Pero yo lo averiguaré, la arrojaré esas rosas á la cara, y ¡ay de ella entonces y de él! La quiero con locura, la he consagrado mi vida entera, pero yo sabré arrancarme un amor que no merece, y odiarla. Mas ¿es posible semejante cinismo? ¿Ha podido de pronto trocarse en tal coquetería su modestia? ¡Oh, necesito á toda costa averiguar la verdad! III- -Allí está, escondiéndose entre la gente, acechándome. Me lo figuraba; no me he equivocado; fingiré que no lo veo. ¡Y malas miradas que me dirige! Lo menos que se le ha ocurrido es que iba á 1 II ll 1 1 1 1 1 1 1 1 II 1 dique 1 1 ¡eñor. 1 lo. yo 1 a que 1 N sabe 1 s del mpo- 1 ¿No 1 1 i 1 1 1 1 a q u e 1 1 ll S? 1) 1 1 1 II I I I 1 1 i í esii! masia- da sequedad; pero se mostró tan duro conmi go qp Q jjQ pude evitar el deseo de darle celos, y ya me pesa. ¡Si fuera dable, le echaba el ramo ahora mismo! ¿Que me encuentras pálida? No, nada me duele; el calor No, he mirado casualmente. Me parece que he oído una campanilla Sí, es 4 a procesión. IV- -Ahí está, en el balcón, hablando indiferente con sus amigas; no me ha visto. ¡Y qué bien la cae la mantilla! Ahora me gusta más que nunca. No suelta el ramo, no. ¡Dios mío, si hablaría con sinceridad! Yo no la dejé, á la verdad, explicarse, con mis exabruptos. ¡Parece preocupada, la encuentro i