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500- ¡Ya está listo! dice el capitán. -Pues vamos, repuse; y montado en humilde jmnento aparecí en la arena, yendo hacia la barquilla. Por un descuido de los mozos, las amarras se soltaron antes de tiempo, y el jumento fué elevado á los aires en el globo, y el capitán y yo quedamos en tierra. Verdad que se pedia repetir otro día la ascensión. Pero por mi parte desistí. Al ver aquel animalejo elevarse, elevarse sobre aquel inmenso conjunto, reflexioné. IsFo quiero que jamás me invada el vértigo de la altura. Si me viese alguna vez tan alto, tal vez me acometiera el deseo de subir también en el nivel social sobre mis semejantes, como acontece á otros á quienes infla el gas de la vanidad, y- se elevan se elevan, sin observar ¡ilusos! que á tanta distancia, desde la tierra se ve sólo en el azulado espacio un punto negro, que si es el hombre de verdadero mérito se aprecia como justa compensación del talento, y si, por el contrario, el elevado á inconmensurable altura es el hombre sin condiciones, no se puede distinguir entre el punto negro y el jumento del cuento que nos ocupa. M. DE GUINDOS. y DEL NATURAL, POE HUEETAS El primoroso lápiz de nuestro redactor artístico ha copiado con su elegancia y gracia peculiares la consabida escena matinal del hogar doméstico. La madre, peine en mano, cumple con serenidad imperturbable los deberes que el aseo la impone; la niña, inquieta y revoltosa, se agarra a la silla con una mano y agita la otra en él vacío, sin atreverse á mover la cabeza, para no hacer más duros los tirones del peine. La molestia durará poco. Dentro de un minuto podrá la chica mirarse satisfactoriamente al espejo, después que la madre le haya dicho, rompiéndola en la frente un beso cariñoso: ¡Guapa chica I