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EL más las nnbecillas de humo, que parecían brotar de la cordillera como vedijas de lana escapadas por el descosido de un colchón. ¡lío era floja la que se liabia armado, según supimos después! Las cuestas de Gomecha vomitaban, como lava encendida, boinas encamadas, ponchos azules y morrales blancos. Aquella velocidad inicial arrojaba como rayos á los carlistas sobre los regimientos de Logroño y Soria, que empezaban á defenderse á bayonetazos. Este último agotó las municiones, y empezó á flaquear ante el mayor niímero En aquel momento un ayudante llegó á galope junto al coronel Contreras, jefe de nuestro regimiento; escuchamos á poco el toque impaciente de botasillas, montamos á caballo todos, los noventa y ocho jinetes del 2. y 4. escuadrón, y- antes de aseguramos en los estribos oímos el toque de degüello, ese toque ronco, vibrante, monótono y continuado como una gárgara. Ya no fuimos soldados, fuimos furias, una catarata á caballo contra aquella catarata á pie que bajaba de los altos de Gomecha. Anunciamos nuestro galope con una descarga de las tercerolas; soltamos la brida, picamos espuelas, y en dos minutos barrimos entero el monte de Zumelzu, arrollando al enemigo, rebañándolo todo, como rebaña un mendrugo la salsa apartada en los bordes de nn plato. Ui á nosotros nos impuso aquella fuerte y compacta masa de siete batallones, ni ellos tuvieron tiempo de enterarse de nuestra inferioridad numérica. Cargaban primero los tiradores, dando tajos, arrollando al enemigo, cogido de improviso y derribando coEL G E K E E A L C O N T E E E A S mo á m o l e s t a zarzas facciosos y facciosos, que miraban llenos de pánico y de asombro nuestros cascos, aquellos cascos que en nuestras cabezas eran un estorbo y en las suyas hubieran hecho entonces mejor papel que las boinas endebles. Seguíamos los lanceros pinchando, rematando, atravesando cuerpos vacilantes, sin perdón ni cuartel, porque cuando hay peligro y mucha prisa no puede haber piedad. Un batallón carlista intentó formar el cuadro, pero fué roto y deshecho antes de erizarse de fusiles. Inicióse la desbandada en el enemigo, y entonces los lanceros hicimos nuestro agosto, porque la lanza está hecha para la persecución. Así como antes no veíamos más que pechos facciosos encuadrados por la cinta blanca de los morrales, ahora veíamos espaldas, muchas espaldas cubiertas por el morral ancho y tripudo, donde la lanza se detenia, atenuándose el golpe. Se salvaron pocos; alguno pudo escapar hacia Canelares, otros hacia Vitoria, los más se despeñaron por el barranco que limita los cerros de Zumelzu. Allí fué lo más sangriento de la carga, y allí también donde cayó muerto el capitán Torres, del 4. escuadrón. Dimos dos cargas más mientras se rehacía, municionándose, el regimiento de Soria y llegaban al campo cuatro compañías de la Habana, que eran las únicas C A P I T Á N T O R R E S MÜKETO EN LA ACCIÓN D E TKBVIÑO reservas de la brigada Tello.