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Lo que pasó no puedo decirlo. Nuestro regimiento quedó diezmado, pero su heroico esfuerzo bastó para volver al sentimiento del deber á todo un ejército que un momento antes no escuchaba ya más que la voz de sálvese el que pueda La batalla, á punto de terminar, se prolongó hasta cerca de la noche, y la victoria, que fué de las más señaladas de aquellos días, quedó por el ejército leal. Entre las glorias que en aquella jornada cupieron al regimiento de Borbón, se cuenta la de haber recuperado el perdido estandarte de Vitoria, al que se unió todavía una bandera que dejaron para siempre en nuestras manos los partidarios del titulado Carlos V. Cuando nuestro coronel presentó al general en jefe ambos trofeos, se limitó á decir: -Esto es todo lo que, por hoy, han podido traer los señoritos. El general estrechó la mano de nuestro bizarro ji i murmuró con acento conmovido: ¡Estoy satisfecho de ellos y de usted! VI Desde aquel día, no en voz baja, sino á grito herido, se nos siguió llamando por todos, -los señoritos. Y, sin embargo, tanto había variado la intención que se daba á la palabreja que tanto nos molestaba antes, que fuerza es confesar que, lejos de incomodarnos todos nosotros, incluso nuestro coronel, no cabíamos en el pellejo cuando oíamos pronunciar el apodo. ÁNGEL R CHAVES. (DIBUJOS DE LAGARDE. UNA AVANZADA DE CABALLKEIA. -CÜADKO DBIi MALOUBADO PINTOE DON KICAKDO BALACA