Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
485 duda con el horrísono estampido del combate que por todas partes retumbaba, lanzaron frenéticos el grito de ¡Al campamento de los moros! y sin reflexionar un punto. en los inminentes peligros que iban á arrostrar, picaron espuela á sus caballos, y esgrimiendo los sables, se dirigieron á galope tendido por un sendero tan estrecho, que con dificultad les permitía m. archar de uno en uno. Concedido no es á la pluma explicar con claridad aquel momento terrible; los mismos húsares que avanzaron no saben decir los unos lo que á los otros sucedió; sólo puede cada uno dar cuenta de sí mismo; sólo i refieren que de aquel infierno, en que todo era peligro, en que todo era metralla, en que todo era sangre, y en que la muerte por doquier imperaba, salieron por milagro. 3) B 1 primero de los húsares que á galope avanzó en aquel sendero faé un tal Peña; el segimdo, el cabo Pedro Mur. Peña se trabó en batalla con cuatro ó cinco moros, mas á los pocos tajos que descargó sobre el enemigo, se le rompió el sable, quedando sólo con la empuñadura; hallándose desarmado, volvió grupas, y á toda rienda se dirigió en busca de los suyos, aunque con la completa seguridad de no tener tiempo para encontrarlos, porque los moros con quienes se había batido caminaron veloces detrás de él, muy próximos á darle alcance con sus ligeros corceles. Pedro Mur, que esto vio, se precipitó contra ellos con tal decisión, que les obligó á dispersarse; no paró aquí, y ansioso de ensangrentar su acero, y sin reflexionar lo próximo que se encontraba del campamento moro, partió á galope en dirección á dicho EL CAPITAK MÜE (IStíS) campamento tras uno de aquellos jinetes, á quien en su veloz carrera llevaba ya en la boca del caballo. ¡Momento de ira y de entusiasmo! Tres estocadas le asestó, y las tres penetraron en la espalda del moro; pero la veloz carrera en que los dos marchaban quitaba fuerza á los golpes, y Mur, furioso como el tigre con la sangre misma de su víctima, quería atravesarlo de parte á parte, quería verlo caer muerto á los pies de su caballo, y avanzaba á escape tendido, sin pensar que estaba ya encima de las tiendas agarenas y que su muerte era segura. x De este modo corrían, el moro, herido, hacia su campamento, y el cabo Mur tras el moro, sin ver nada, sin pensar en nada, sin ambicionar nada en aquel ciego frenesí, cuando sintió en el costado derecho un golpe como de lanza, Instintivamente, sin soltar la brida ni acortar la caFAcsíMiLE rrera, se llevó la mano izquierda al punto donde sintió