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EL CABO ÍMUR (BATALLA DE LOS CASTILLEJOS, 1. DE BXEEO DE 1860) E l héroe de la guerra de África á quien la prensa ha dado por muerto repetidas veces, es hoy capitán de Inválidos, y vive con su simpática hija allá en el paseo de Atocha, junto á la ruinosa Basílica que por espacio de muchos afios ha cohijaclo bajo sus naves el pendón amarillo arrancado á los moros por el heroico cabo de húsares de la Princesa. No hace muchos días conversamos largamente con él en el café de San Sebastián, donde D. Pedro Mur pasa la tarde viendo jugar al dominó á los habituales concurrentes á aquella tertulia. Era nuestro propósito que el mismo Sr. Mur escribiera de su puño y letra la relación de su famosa liazaña, para haber fotograbado las cuartillas, ofreciendo al público de este modo lui testimonio curioso y auténtico de aquella memorable batalla; pero pudimos convencernos de la inutilidad de nuestros planes al observar que el Sr. Mur padece uua liemipiegia que le ha paralizado completamente todo el lado dereclio. EL CABO MUÉ (1860) -Ya que lio podamos conseguir del todo nuestro objeto, dijimos al capitán Miu esperamos oir de labios de usted el relato de su heroica hazaña. -K o hay necesidad, nos respondió con natural modestia; yo dejaré á ustedes un libro que con toda extensión y con absoluta fidelidad hace el relato de los hechos en lo que á mí se reíiere. ¿Alude usted quizá al Diario de un testigo de la, guerra, de África. -íío, señor; allí hay una hermosa descripción de la batalla, pero tan conocida y popular, que seria inútil copiarla. Creo interpretar los deseos de ustedes al ofrecerles, no el relato completo de la acción de los Castillejos, sino únicamente la carga de los liúsares, en la ojie yo tomé parte. -Efectivamente; el articulo que pensamos hacer está dedicado á usted exclusivamente, y sólo su hazaña nos interesa para el caso. Al día sigiuente, el Sr. Mur j) uso en nuestras manos una biografía suya, debida á la pluma del apreciable escritor Ibo Alfaro. De ella entresacamos los párrafos que nos parecen más útiles para nuestro objeto: Aquel intrépido escuadrón dio tres cargas consecutivas: la primera comenzó á las diez y media de la mañana al magnético grito de ¡viva la lleinal la tercera concluyó á las once y media, cuya última carga, en la que especialmente se distinguieron aquellos héroes por su bravura, cesó en la orilla de un riachuelo cubierto de jaras, que á la caballería fué imposible salvar. íPero en aquel instante, diez ó doce húsares arrojados, en cuyas venas hervía la sangre, ebrios sin