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GALERÍA DE TIPOS EL ANDALUZ PATOSO olendan aquellos (k; mis paisanos quo so croan dos en las presentes líneas, i) orque no aludo á nadie determinadanionte. t (A toíitxs y á ninguno mis advcrloncias tocan. xi Kso de luiber vinculado ¡a gracia en una determinada región, -5 -fí, r ha traído consigo el oficio de gracioso á todo trance. Aquello de que todo andaluz ha liu ser ocurrente y chispeante en el moro hecho de sor andaluz, sentado como axioma ha croado inevitablemente el tijio que motiva estas ligeras consideraciones. Algunos infelices que no ven más allá lic sus narices, han oído eso de que la gracia es patrimonio exclusivo (con privilegio de invención) de los hijos de la tierra de María Santísima, y al traspasar los límites de aquél su nativo territorio, se han creído en el deber imprescindible de tener ingenio y de prodigarlo d manos llenas aunque la naturaleza les haya negado rotundamente tan precioso adorno. Porque es de advertir que en su propia tinta, es. decir, en su propia tierra, el andaluz que tiene pata no procura demostrar lo contrario, achicado y anonadado por los graciosos de verdad, que, en rigor de justicia, son muchos, y en su mayoría lo son sin darse de ello exacta cuenta. Donde hay que ver al andaluz patoso (algunos tienen una asaura que no les cabe en el cuerpo) es en estas tierras de Castilla, en Madrid sobro todo, on alguna mesa de Fornos ó del Suizo. P a r a ellos el toque de la gracia andaluza (como si la gracia admitiera clasificaciones) consiste en una verbosidad vertiginosa y mareante, en abultar y exagerar los hechos, en mentir descaradamente y en imprimir á la pronunciación un ceceo de todo punto insufrible. La narración, animada y pintoresca, de anécdotas, cuentos y chascarrillos, es su fuerte. Como el cómico malo, el andaluz patoso subraya y prepara de tal modo el chiste que va á decir, que cuando el chiste suena (suponiendo que lo sea) no hace efecto ninguno.