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469 París, el cerebro dei mundo, está congestionado por efecto de unos cuantos golpes. La jornada de estos últimos días no ha sido una algarada estudiantil, ni un complot anarquista, ni una Commune abortada; ha sido nada más la aventura de los yangüeses. Palos por arriba, palos por abajo, palos á derecha é izquierda, y un Gobierno que, por consiguiente, se encuentra en plena estacada. Los corresponsales, heridos y magullados en su mayor parte, escriben sus correspondencias en tafetán inglés y mojan la pluma en tintura de árnica. Los sergents de ville se encuentran rendidos después de tan dura y larga refriega. Alguno se acerca al prefecto y le dice: -Señor, yo desearía irme á la cama. ¿Está usted contuso? -No, señor, pero llevo cinco días sin pegar. ¿Cómo sin pegar? -Sin pegar los ojos. ¡Ah! vamos. Ante tal número de deácalabrados, el ministro del Interior dicen que toma sus medidas. Supongo que serán medidas de vendaje. Por su parte, los revoltosos emplean un arina terrible, según cuentan los telegramas. Los huesos de carnero, que producen contusiones terribles. Hemos vuelto, pixes, á las luchas primitivas. Después de los huesos de carnero, vendrán las quijadas de burro. Y nadie estará libre de que le den algún mordisco por la calle. Ya ha quedado de temporal eso de las campañas higiénicas. Empieza á hablarse de casos sospechosos; se riegan las calles con ácido fénico, y es probable que dentro de pocos días coloquemos en la frontera la, tan acreditada encordonadura sanitaria. Llegada la época presente, en cuanto ocurre un accidente sospechoso, ya está el subdelegado de Medicina dictando disposiciones. Y el público tiene que aguantar estas disposiciones al dictado. ¿Qué ha ocurrido aquí? pregunta en cuanto ve cuatro personas reunidas. -Un albañil que se ha caído de un andamio. ¿Cree usted que el caso será contagioso? -Hombre, no sé; eso depende del andamio. Todas las estaciones atacan al olfato á su manera. 131 invierno con el fufo del brasei o, la pi- imavera con el aroma de las flores, el verano con el ácido fénico y el cloruro de cal. En las batallas hay que ser el primer herido. Para él son todas las camillas, todos los sanitarios y todos los botiquines. En las epidemias, ¡Dios nos libre de ser el primer caso! Para él es todo él cloruro almacenado durante el invierno. Abstengámonos de la fruta, evitemos los enfriamientos, sorteemos las insolaciones, ya que no por miedo á las enfermedades, por temor á la Dirección de Beneficencia y Sanidad. Y en ésta época de síntomas alarmantes, dediquemos un cariñoso recuerdo á la Acadeniiá Española. La única corporación que durante todo el año nos está mirando la Lengua. Luis ROYO VILLANOVA.