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Á OCHO DÍAS VISTA L a h u e l g a de los b a r r e n d e r o s ¡Madrileños, á ias escobasl- -El a l c a l d e e n t r e p a l m a s El a l c a l d e c o n s a g r a d o á P a l a s -A v e n t i n o gallego. -Lo d e P a r i s -A v e n t u r a de los y a n g ü e s e s -C a m p a ñ a higiénica. -Disposiciones al d i c t a d o El p r i m e r caso. -Un r e c u e r d o á l a A c a d e m i a E s p a ñ o l a La huelga do los barrenderos nos permitió contemplar á Madrid convertido en el último villorrio de las Españas. Montones de inmundicia en medio del arroyo, basuras en la acera, la vía pública hecha u n variadísimo estercolero. E n alguna plazuela emjjezaron á picar las gallinas, capitaneadas por un cerdo que otro. Y así como ha habido- -en la historia instantes supremos en que todo español ha, tomado su fusil, creímos llegado el momento de coger cada madrileño nuestra escoba para barrer frente á con sus palas, y dejaron al alcalde consagrado á Palas. Xo á Palas A t e n e a sino á Palas municipal. Fuerza es disculpar en algo á los modestos empleados de la Villa. E l Consejo había suprimido doscientos jornales. Y francamente, aunque se tratase del ramo de limpiezas, ya eso era demasiado limpiar. De ahí que ante tal cúmulo de defunciones, exclamaran los super- barrientes: -Ojo por ojo, y plaza por plaza. Doscientas plazas menos para p r o v e e r pues doscientas plazas menos que limpiar. Y se declararon en huelga, seguros de salir triunfantes. E n efecto, si al que madruga Dios le ayuda, ¿á quién ayudará el cielo mejor que á las brigadas de limpieza, que á las tres de la madrugada ya están pasando lista? Los rebeldes se retiraron á la Fuente de la Teja, ese A v e n tino gallego. Y allí, con s u s uniformes de d r i l y s u s sombreros anchos, d e s c a n sando al pie de las amplias escobas, parecían una t u r b a de filibusteros fraguando siniestros planes enlo más intrincado de la manigua. casa la parte alícuota que nos correspondiese por clasificación. E n vano el alcalde, el jefe de seguridad y otras autoridades madrugadoras, excitaron á los huelguistas para que depusieran su actitud y no permitieran que Madrid quedase sin su toilette diaria. Los huelguistas seguían en sus trece. O mejor dicho, en sus cuatro y media, porque la huelga empezó al amanecer. Ellos recibieron al alcalde entre palmas (de escobas, por sui uesto) mas la amabilidad no pasó de ahí. H u y e r o n con sus escobas, con sus carretillas,