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Los palafreneros, cocineros, lacayos y pinches hacían burla y chacota de Pati- bobo y solían decir que él seguramente no había de ser nunca sino el hazmereir de las gentes, y hasta le consideraban como un pajarraco inútil y costoso; y hubo entre aquellos pillastres que ál patio se asomaban un picaro que se atrevió á decir á Pati- bobo estas palabras: -Tú nunca serás lo que tu compatriota ó hermano, el señor Almirante mayor del reino. ¿No te corres de vergüenza? Bien, que tú llenas la panza y haces aquí cuatro mojigangas y payasadas, y ¡vamos viviendo! Así engañas al rey y eres el más ingrato de los seres. Pati- bobo se hubiera lanzado al lacayo, pero se contuvo, quedóse aterrado y huyó á esconderse en un rincón. ¡151, Pati- bobo, acusado de ingrato! Entonces fué cuando, luego de mucho pensar, se dirigió al jefe de las cocinas de la Casa real y pidió hablar secretamente con él. -Yo, señor, le dijo, he oído decir que tenéis orden de preparar, para el banquete que pronto ha de Celebrarse, un nuevo plato á S. M. Bien veis, señor, que nada adelanto en mis trabajos y que no sabré jamás pagar los beneficios que el rey me hace y los que á vos mismo debo; así, pues, vengo á deciros que me sujetéis en cepo, desplumadme la pechuga, ponedme frente al fuego, alimentadme, y luego que mi vientre esté abultado, cortadme la cabeza, sacad mi hígado, que él habrá de ser el manjar más delicado y sabroso que hasta hoy haya comido S. M. Y así se hizo; y el manjar fué servido en las mesas del rey, y fué muy celebrado, y sigue siéndolo, y nadie sino yo sabe el sacrificio de Pati- bobo, el cual dio en su entraña su alma como un verdadero artista. JOSÉ ZAHONERO.