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naves era no ir á ellas; y presentándose al rey para manifestarle que las escnadras se hallaban en muy bnen estado y que los marinos cumplían con su deber, estos no habrían de desmentir al inspector, antes le colmarían de elogios y tal vez le aclamaran por un sabio y peritísimo piloto; y como Pati- listo lo había pensado acaeció, pues que al saberse en las escuadras la opinión que el inspector hubo de manifestar al rey, opinión merced á la cual los oficiales de la marina recibieron gracias y honores, pidieron para Pati- listo lo que ya el rey iba á concederle, la plaza de Almirante mayor del reino, y Almirante mayor del reino fué nombrado en pergamino y sello. ¡Cuántas dignidades, qué honores, qué prodigalidad de fortuna, qué encumbramiento los ya conquistados por Pati- listo! Mas un cierto día el rey hubo de decirle: -Mucho me complace contarte en mi servicio; pero yo tengo un deseo que satisfacer, el deseo de oirte cantar, que de seguro habrás de hacerlo de una manera plausible, con armoniosa voz y el mejor estilo. Quedóse un poco aturdido el patito, porque aquel era, sin duda, el más grave compromiso y apuro en que él hasta entonces se había visto; mas prontamente dio la respuesta: -Señor; en efecto, he estudiado el arte del canto, dijo, y no es del todo mala mi voz; pero tanto me impone la presencia de V. M. que estoy seguro no podré dar una nota. Voy á intentarlo. V. M. podrá convencerse del deseo con que quiero cumplir hasta el último de los suyos, pero también de que, como la garganta es órgano delicado, cuando el alma está llena de respeto y admiración, fácil es que la voz desentone. Bt ek Brek Brekee Tapóse el rey los oídos y rieron desatinamente los cortesanos al oir aquel chillido estridente, áspero y desacordado. ¿Ve V. M. lo que yo decía? Desafino, á pesar mío, dijo el patito. -Si, ciertamente; pero tu amor hacia mí es mucho, tu respeto es grande y tu modestia ejemplar, replicó el rey. No eres tú como los demás cantores de la corte, que así cantan delante de mí, lanzando trinos y gorgoritos con la mayor frescura, y como si yo no fuera bastante á imponerles con mi presencia temor alguno. Así, pues, desde hoy quedas nombrado mi Maestro de capilla y Director de mi orquesta de ruiseñores. V III En tanto que llegaba Pati- listo al ápice de la montaña de su ambición y tenía el cuello eucorbatado por cinta de grana, de la cual pendían placas, cruces y medallas, y entre ala y ala la banda de Almirante, y, bajo la misma cola la llave dorada, y como signo de sabiduría imas preciosas gafas montadas en el pico, y entorpecido el paso, ya de suyo torpe, por el espadín de arrastre, la cartera de Correo mayor y la batuta de Maestro de capilla, ¿qué había sido de Pati- boho! ¡Pobretel ¡Desdichado! Con necia y tenaz porfía soñando en la carrei- a del alazán, en la rápida marcha de la barquilla de vela por los mares, en el vuelo del águila por el espacio, y en el cántico del ruiseñor, cuya voz se pierde en el cielo durante la noche; voz tan armoniosa, que no parece sino que las estrellas se hallan allí congregadas para escucharla; pretendía, claudicando aquí, aleteando allá, ora zambulléndose en el estanque, ora soltando su voz agria, crujiente y chillona, poner arte y método, según orden y tiempo, á sus pobres facultades. ¡Vano propósito! ¡Tarea ingrata, ya unas veces acometida por el estímulo de esperanzas ilusorias que él de propio intento se fingía, ya otras veces coartada por los desaciertos, los desencantos y sobre todo por el desprecio del infame vulgo, miserable canalla de la barbarie!