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452 Y él contestaba con amargura: -Por ahora no; pero en cuanto conozcan la bondad de los medicamentos, ya verás cómo acuden. Ni el tercero, ni el cuarto, ni el quinto día, acudió persona alguna á la farmacia. Pero el sexto El sexto día, Pura y Froilán se acostaron muy tristes, porque el papá, fuera de sí, les había con- minado con echarles de casa, en vista de su torpeza para el negocio. ¡Dios mío! decía Pura, ocultando la cabeza debajo de la sábana. Qué desgraciados somos! ¡Sí, contestaba Froilán, muy desgraciados! Hacía un frío horrible; soplaba el viento en la calle, y los esposos daban diente con diente, á pesar de que habían reforzado el abrigo con dos buenas mantas de Palencia. De pronto sonaron fuertes aldabonazos en la puerta de la botica. ¿Llaman? dijo Froilán, sacando la nariz por encima del embozo. -Me parece que sí, contestó Pura. ¡Vaya unas horas de venir! añadió Froilán. -Es natural. Coino saben que tenemos servicio permanente, vendrán por alguna medicina importante. El bueno de Froilán saltó del lecho tiritando. -Abrígate bien, le dijo su esposa. En el ventanillo de la botica golpeaba con fuerza una mano anónima. -Debe de ser una cosa muy urgente, objetó Pura. -Sí, añadió Froilán. Puede que se trate de algún moribundo. Y mal envuelto en un gabán, bajó las escaleras de prisa y corriendo, llegó al ventanillo, lo abrió de par en par, y oyó una voz en la calle que decía: -Señor boticario, ¿me hace usted el favor de decirme si es buena esta jjeseta? Luía TABOADA TIPOS CALLEJEROS DE MADRID, POE PA -DO i Claveles dobles! i Pericos de Aranj uez!