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451 El estaba almorzando cuando llegó el cartero, y sin poderse contener, cogió la cara de un huésped quG se sentaba á su derecha, y autos que éste pudiera evitai lo le dio tres besos en la nuca. II Dos años después, Pura y Froilán contraían enlace. Pero él no tenía nada absolutamente; quiero decir que carecía do medios de subsistencia. Al padre de la chica se le había puesto un humor de todos los demonios y so pasaba el día gruñendo. ¿Para qué sirves tú en el mundo? decía á su hijo político. -Soy boticario, contestaba él. -Sí, pero no tienes botica, ni disposición para nadn, ni decoro personal. El pobre chico sufría do un modo horrible y no osaba levantar los ojos en aquella casa, ni comer lo que quería, ni usar el cepillo de la cabeza, porque ora de su suegro, y éste decía á cada paso: ¿Quién me ha cogido el cepillo? De seguro que ha sido Froilán. Sí, este pelo no es mío. ¿Quién le manda á él utilizar mis chismes? Que los compre, y si no tiene dinero, que se muera. -Pero, papá se atrevía á decir Pura; el pobrecito cria mucha caspa. Eso prueba que es muy ordinario. Pura no era feliz, y además notaba que su Froilán iba perdiendo carnes, ya por los disgustos, ya por la falta de nutrición. En la mesa comía poco, porque su suegro estaba pendiente de las tajadas que aquél se llevaba á la boca, y en cuanto lo veía ponerse más de lo regular, montaba en cólera, diciendo: -Eso es, ponte tu toda la carne, si te parece, y los demás nos comeremos los: codos. ¡Hambrón! III A fuerza de súplicas, Pura pudo conseguir do su padre que éste facihtara á Froilán el dinero necesario para abrir una botica. Gruñó el viejo, pero al fin hubo de ablandarse, y Froilán se vio transformado en farmacéutico activo de la noche á la mañana. í sto produjo la desesperación del antiguo boticario del pueblo, que hasta entonces había monopolizado las medicinas sin compotencias odiosas, y comenzó á desacreditar á Froilán, diciendo que ora un bruto muy grande y un hombre sin experiencia, incapaz de hacer el imgücnto amarillo. Froilán abrió su botica con servicio permanente y puso un ventanillo por la parto de afuera, con este rótulo: LLAMAR A Q U Í POR LA NOCHE El primer día nadie fué á comprar al nuevo establecimiento, y el padre de Pura se puso furioso. ¿Lo ves? decía. ¿Vos como no inspiras confianza al público? ¿Ves como te desprecia todo el pueblo? -Pues yo desafío á todos los farmacéuticos juntos á que hagan el cerato simple mejor que yo. ¿Qué entiendes tú de ccratos? Froilán bajó la cabeza sin atreverse á contrariar á su suegro, que le dirigía miradas iracundas. Al día siguiente la soledad más espantosa reinaba en la botica. Froilán se- íiji ocu; aba en limpiar los frascos, preparar los morteros y oler las drogas; pero nadie acudía á adquirirlas. Pura bajaba de cuando en cuando á preguntarle: ¿Has vendido mucho?