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447 nacido para vivir en nn corralón inmundo, sino para vivir en los jardines de un rey, solazándonos en el estanque bajo la sombra de los desmayos do ramnje amplio y caído como la vestidura de un dosel, y allí habríamos recreado á las damas y á los príncipes. Debemos abandonar este corral, y en busca de aventuras lanzarnos por el mundo como caballeros de la nobleza. ¿Lanzarnos acorrer las aventuras? exclamó Pati- bobo, el otro patito, modesto y apacible y de ánimo resignado y juicioso. -Sí. Todo debemos esperarlo de nuestra audacia y de nuestra variada educación, como volanderos, como nadadores, como andarines y como cantantes. ¡Ah, hermano mío! replicó Pati- bobo; ten presente que nuestra educación es incompleta; somos aprendices do todo y maestros de nada. Yo, por mi parte, no deseo sino perfeccionarme en cualquiera de nuestros ejercicios. ¡Oh, quién pudiera volar como la paloma ó cantar como el ruiseñor! ¿Qué fortuna hemos de lograr en el mundo s endo, como somos, torpes c ignorantes? Por lo menos, por tal me tengo, y esto me humilla y entristece. Burlóse Pati- listo de la modestia de su hermano; túvole por timorato y poco avisado para conocer el mundo, y díjole que el secreto de la fortuna no estaba tanto en valer como en aparentar valía y en hacerse estimar; porque lo que Pati- listo pensaba: ¿Quién sabe si por nuestra mucha diligencia ó nuestra buena suerte llegaremos á alguna isla ó reino en los cuales jamás hayan visto criaturas do nuestra especie? ¿Qué asombro no producirá el ver que del agua se lanzan al aire, y do éste tornan al agua, aves tan lindamente adornadas con un plumaje tan vistoso como el nuestro? No menos habrán de tomarnos que por aves de magia; tal vez lleguen á pensar que somos príncipes encantados. En las cortes hallaremos algún lugar preferente y distinguido, y hasta ser podría que alguno de nosotros conquistara por esposa á la hija de un rey, heredera de la corona de un vasto imperio. En fin, cualquiera que fuese nuestra suerte, siempre habrá de irnos mejor en otras partes que entre esta chusma grosera do envidiosos serviles. Pati- bobo, no sabemos si alucinado por los ensueños de su hermano ó entristecido ante la idea de separarse de él, á quien mucho amaba, aceptó la proposición de la escapatoria, y una mañanita, cu: indo (ipenas los pequmifox y pintados pajarillos habían empezado á darse unos á otros los buenos días y las flores se acababan de lavar la cara con las gotitas del rocío, Pati- listo y Pati- bobo, pasito á AiO. salieron dd corral, caminaron hasta las márgenes de un río, lanzáronse á nado por la tersa superficie, y se dejaron llevar por la mansa y apresurada corriente, creyendo que en esto estaba el secreto de tas aventuras, y la corriente los condujo á un inmenso lago, del cual el río era celoso y antiguo tributario. Al cabo de rJgunos días de vi je por aquel pequeño mar, y merced, sin duda, al influjo de alguna hada protectora, los viajeros tuvieron ante sus ojos el contorno mágico do un país maravilloso, los muros y las torres de una gran ciudad, y en aquella orilla fueron recibidos por muchas personas llenas de curiosidad y de asombro al verlos, pues en aquel lago y en toda aquella región nunca habían visto, por raro capricho de la naturaleza, aves acuáticas. II Pati- listo, abriéndose paso por entre la muchedumbre de curiosos, exclamó con dignidad: -Guiadnos presto al palacio del rey. Claro es que al oir la demanda tuvieron las gen- tes á los extranjeros por embajadores llegados de lejanas tierras, correos de gabinete que tal vez llevarían el encargo de exponer al rey algún importante mensaje.