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I vamente en España, en la misma población donde agonizaba el que fue un día ángel seductor de sus amores Una tarde, á esa hora en que el sol declina, dejando en el cielo franjas de oro como estelas de su aso, vio pasar María por su ventana un magnifico c a r r u a j e todo forrado de blanco, donde rma amartelada pareja parecía embeberse en su conv e r s a c i ó n y en su amor, á juzgar por la actitud de ambos: él iba vuelto hacia ella, y, por tanto, de espaldas á María, que no pudo conocerlo; pero ella, en cambio, sí le ofrecía de lleno su seductora hermosui- a, realzada por la felicidad que parecía retratarse en su semblante. ¡Oh, qué felices serán! -pensaba María, mirando con envidia á aquella pareja, porque la suerte quiso que no conociese en el amartelado marido á su infiel Eicardo. ¡Quién fuera así, como ellos, en un coche forrado de blanco, camino de la felicidad! III Sin poder sustraerme á la natural curiosidad que inspira el ver varias personas que se agrupan para mirar algo, acerqueme sm vacilar á la abierta reja donde se agolpaba buen número de curiosos. ¡Pobre niña! -oí exclamar á unas mujeres situadas junto á los hierros de la reja; -morir tan joven y tan bella No ha dejado (iii 1 1 1 eulpa el! i ni it di ii novio, iii di ni de abanIon i 11.1 pai. i irse á América, engañándola como á un chino, volvió después casado con una millonaria, para restregarle de este modo por las narices su pretendida felicidad á la inocente muchacha. -Ande usted- -añadió u n a tercera, -el Señor ha sabido lo que se ha hecho llamándola á su seno; así le dará lo que se merece. -Eso sí, y que descansará en el cielo de tantos sufrimientosvNo tardará en seguirla su anciana madre Mientras estas y oí ras cosas oía, miré á la reja y vi á la candida virgen descansando con el sueño eterno en un lecho de flores que parecía formado por los angeles para su compañera. Poco después vi la fúnebre comitiva que se encaminaba triste y silenciosa al cementerio blanco era el ataúd, y blanco el coche que le conducía. AI fin pudo ver realizados sus deseos, yendo en un coche todo forrado de blanco, ¡camino de la felicidad! Y EABBEGÜES. JULIO V A L D E L O M A E lÉMab