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Á OCHO DÍAS VISTA L a l l u v i a e n Madrid. -Esto s e va. -Muertos y sepultados. -El r e b l a n d e c i m i e n t o de l a m é d u l a y el r e b l a n d e c i m i e n t o de l o s m a t e r i a l e s de c o n s t r u c c i ó n -U n a e s t a t u a m á s y un t a p u j o m e n o s L a s bombas. -La é p o c a del celo. -A n a r q u i s m o e m b o t e l l a d o Lo que es bueno para el hígado es malo j) ara el bazo ha dicho la sabiduría popular, compendiando en una frase los infinitos trabajos de filósofos y hombres de ciencia encaminados á probar que todo bien es pequeño y que en la forzosa relatividad de las cosas humanas nada hay absolutamente bueno ni absolutamente malo. Así la lluvia, tan esperada, hermosa y fecundante en el campo, resulta en la corte un peligro gravísimo y por todo extremo amenazador. Si seguimos así, será cosa de rezarle al barómetro lo mismo que al santo de nuestra devoción particular. Porque así como al correo de élez en cayendo cualro c otas ae le mojan los papeles aquí, cuando el cielo dice ¡Agua vá! no hay construcción que aguante, ni suelo que resista, ni casa que no deje caer á la calle todas sus cornisas, convertidas en puros azucarillos. E l pavimento se abre bajo nuestros pies, los techos caen sobre nuestras cabezas; esto se va, aunque no por la posta, sino por el vapor correo, ya que de agua se trata. A lo mejor nos encontramos á un amigo vestido de buzo, armado y vestido con su escafandra. ¡H o m b r e por Dios! le decimos; no es para t a n t o con un impermeable tenías bastante. -N o lo creas; en primer lugar, ya sabes que aun haciendo sol estoy con el agua al cuello; de modo que el menor chaparrón me pone en peligro de asfixia. -B u e n o eso es una metáfora. -Y además, yo no llevo el casco por temor al agua, sino por miedo á algo más grave que pueda caer. ¿Pero no sabes que los metales son buenos conductores de la electricidad? ¿Y quién piensa en eso? Líbreme yo de un ladrillazo seguro, que Dios me librará de un rayo posible. E n el siglo de las luces todo se acelera y se improvisa. Creímos hasta hoy que el modo más rápido de morir era morir de repente. Las últimas lluvias han venido á dar quince y falta á la rotura de aneurismas. E s mucho más rápido morir de improviso y quedar sepultado al propio tiempo. H a y algo más grave que el reblandecimiento de la médula. Y es el reblandecimiento de los materiales de construcción. Por fin ha sido descubierta la estatua de la Reina Grobernadora. Los que en las tardes del invierno pasado subíamos al Retiro por la calle de Felipe IV andábamos intrigados por causa de aquel tapujo que se elevaba sobre el cónico fuste del l) edestal. ¿Qué será eso? preguntábamos, invadidos por la curiosidad. Como el Museo de Artillería está por allí cerca, creímos si se trataría de algún cañón misterioso oculto á las miradas extranjeras, como dicen que los franceses fajaban las ame-