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REVISTAMLUSTRADA ANO III MADKID, 1. DE J U L I O D E 1893 NÜM. 113 ARTE MODERNO EL DERECHO DE ASILO. DE D. EKANOISCO J AMÉRIGO) N medio de las bárbaras contiendas medioevales, la religión luchaba por inculcar en los humanos pechos, más duros aún que las corazas que los cubrían, el amor al prójimo, la misericordia y el perdón. Contra las luchas fratricidas instituyó la tregua de Dios; contra la venganza personal y la dureza de las leyes criminales, el derecho de asilo, tan dramáticamente presentado por Víctor Hugo en uno de los episodios de Nuestra, Señora de París. El cuadro del Sr. Amérigo, premiado con medalla de oro en la última Exposición de Bellas Artes, sintetiza toda la elevada grandeza de aquella institución religiosa. Un criminal que acaso era conducido camino de la horca ó de la picota, logra romper sus ligaduras y acogerse á las puertas del sencillo convento, que tiene grabada en una de sus piedras la palabra salvadora y misericordiosa ASYLUM. El verdugo, chasqueado, intenta atrapar de nuevo á su victima, incitado por su propio rencor y por la turba de mozalbetes que con piedras y palos intentan dar caza al perseguido. La escena no puede ser más dramática. Una mujer, acaso la esposa del criminal, intenta ablandar el corazón del verdugo; uno de los esbirros le detiene, señalándole la palabra salvadora; los frailes salen á implorar por favor lo que de derecho les conceden las leyes; en el rostro del criminal se nota el terror pánico, y los ancianos frailes que acuden á amparar y proteger al asilado parecen repetir la bienaventuranza: Bienaventurados, Señor, los que padecen persecuciones por la justicia.