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418 Cuando los oigo y leo la prensa, siento cosquillas en el corazón, porque lo que es ahora artículo de fe para todos, no lo era hace un año, y lo que hoy se dice es repetición de lo que yo escribí entonces, cuando se discutía y se maltrataba á Gámborena, y se me tachaba de hiperbólico y de impresionable, y se atribuía al apasionamiento- -la tecla que me tocan siempre los equilibrados- -lo que era fruto del convencimiento y resultado lógico de una larga observación. Escribí el primero que Victoriano era, como jugador de j elota, un asombro y una maravilla; me atreví á afirmar que era el único que recordaba al Chiquito de Eibar; desafié á que se me citase un pelotari tan completo entre todos los del día, y hoy el público está á mi lado, nemine discrepante y el incomparable chiquillo ha hecho buenos todos mis apasionamientos, todas mis exageraciones. ¡Dios se lo pague! No le ha costado pocas fatigas arrancar la venda á los ilusos. Porque conviene advertir que si ha llegado en poco tiempo á la meta del pelotarismo, ha sido merced á su único y exclusivo esfuerzo, y sin apelar á ninguno de esos medios de que se valen algunos para arroparse entre sí y negar el agua y la sal á los que vienen empujando. El chico ha vivido siempre alejado de parásitos, no ha tenido camarillas, ha sido refractario á toda masonería de frontón. Mientras otros manejaban la lengua, él ha afinado con la cesta la puntería, y así ha llegado á dominar todos los juegos y á arrollar á cuantos, hace apenas un año, no le conceptuaban maduro para tomar la alternativa y lo miraban con desdén. Algunas cosas podría contar yo sobre el particular, pero al buen callar llaman Sancho, y harto castigados están los soberbios, los aduladores y los ignorantes con ver á Gramborena proclamado invencible por toda la afición. Detallar las cualidades de Victoriano es inútil. Con decir que no tiene fallo, que es un pelotari á quien se puede examinar con la lente sin encontrarle defecto, está dicho todo. Posee dos recursos que le harán mantener durante mucho tiempo la supremacía en los frontones: el revés aire y el bote pronto, que le permiten cubrir adelante diez cuadros sin cansarse, sin quebrantar apenas su agilidad de ardiUa, su vista de lince, su ligereza de curiana, su flexibilidad de acróbata y su resistencia y bravura de león. El revés aire es rápido, limpio, admirable; el bote pronto, un prodigio. De tal manera ha dominardo el enganche y con tal maestría se sirve á la pelota en esa dificilísima jugada, que, de derecha y de revés, no es maravilla verle encestar de bote pronto pelotas muy castigadas que le botan á un metro de los pies, y cortarlas sobre la raya, devolviéndolas de sobrebrazo. ¿Cómo lo hace? Nadie lo sabe, ni nadie ve ejecutar esa suerte á ningún otro pelotari; es la especialidad de Gamborena, el arma tremenda con la cual marea y vence al más avezado jugador. Y como además de esa especialidad posee como nadie la generalidad del juego, resulta éste variadísimo, presenta al espectador todos los matices del sport vascongado, da margen á preciosos peloteos, y se destaca sobre los juegos de los demás pelotaris como armonía incomparable de fuerza y de habilidad ponderadas, y adquiere por eso mismo caracteres inequívocos de superioridad. Agregúese á eso que Gamborena sale siempre á jugar llevando su amor propio en la punta de la cesta, decidido en todas ocasiones á corresponder al cariño entrañable y á la ciega confianza del público, y se comprenderá la idolatría que ha despertado en Madrid. ¿Exageraciones? Calle la pluma y hablen los números. Desde el 24 de Marzo hasta el 29 de Mayo último, Victoriano ha jugado en Madrid cuarenta y cuatro partidos, de los cuales ha ganado ¡treinta y dos! ¡Y yo, que no apuesto jamás un céntimo! Después de esta confesión imbécil, no me queda más consuelo que pegarme dos bofetadas y firmar. ANTONIO PEÑA Y GOÑI.