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TIPOS DE LA ÓPERA UN T E N O R carta que voy á transcribir me ahorra el trabajo de bosquejar el rer. ito del tenor de ópera. La lie encontrado esta mañana entre mis papeles. Está escrita en italiano; yo la traduzco á nuestra lengua por si alííuno de ustedes desconoce el idioma del Dante. Dice así: Caro amico: Siento la nostalgia del teatro. El comfort de mi hotel y las flores de mi jardín no bastan, con toda su hermosura, á disipar mi aburrimiento. Me he equivocado grandemente al suponer que en el retiro del campo, entre faenas de horticultor, y lejos de la corrompida atmósfera de bastidores, hallaría la tranqtiihdad que he perseguido inútilmente mientras he lo cantante. Al dejar la escena para siempre, no he conservado de mi vida artística más e una cosa: el cocinero, y lo siento, porque me trata mal. Mi prestigio de tenor aumentaba su entusiasmo culinario. Desde que soy im caballero particular descttida al fricando y abusa de la polenta. Alguna vez que otra nada más me la sirve á ucelli. La ociosidad me obliga á evocar recuerdos y hace recrttdecer la desgarradora duda que me ha atormentado durante mucho tiempo. ¿Por qué no he llegado á la categoría de estrella en el cielo del arte? He aquí la duda que tú vas á disipar. Ko temas, al resolverla, pecar de franco ni indiscreto. Para que fundamentes la respuesta, voy á confesarme contigo; quiero qtie me conozcas por dentro. Haré una especie de autopsia moral, esto es, la autopsia de mis condiciones artísticas. Yo empecé mi carrera en calidad de corista; la protección de una prima donna me sacó de la fila, y hecho parte, llegué á cantar el novio de Lucia y el Eambaldo del Roberto. Gusté en el Rambaldo y me gritaron en el novio. Yo creo que Donizetti escribió esta parte para poner en ridículo perpetuamente á los tenorinos. Sin duda quiso vengar alguna ofensa personal. Mi éxito en el Rambaldo aumentó mis esperanzas y avivó mis deseos; aprendí seis ó siete óperas, entre ellas Puritani, j me lancé á cantar por esas provincias. lío siempre me favoreció la fortuna; gustaba en unas partes y en otras no. A propósito de esto, voy á referirte dos anécdotas de las que he sido protagonista. Durante la representación de II Trovatore me gritaban en Málaga despiadadamente. Trepidaba el teatro con la fuerza de las gritas. Un espectador, uno solo, desde la butaca me aplaudía con frenesí; de tal modo llamaron la atención sus aplausos y sus bravos, que le preguntó un vecino: ¿Por qué se pone usted en contradicción con todo el público? ¿Usted vive en. Málaga? contestó mi admirador. -Sí, señor. -Pues yo soy viajante; recorro el mundo todos los años. ¿Y qué tiene eso que ver con- -Quisiera yo que ese tenor gitstara aquí mitcho, muchísimo; tanto, que fuera el tenor perpetuo de Málaga, para... para no encontrarme más con él iSia l SMIIKIJf 11 en ninguna otra parte. 1 SBBBfiilm He aquí la anécdota. Aprendí Puritani el año 70, y lo canté en muchos teatros, sin gustar en ninguno. í -i mMli (i