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ción, y sentí que la amaba como minea. Le fui enteramente fiel; volví á mi cuarto, y después de cerrar la puerta, como si me amenazase un peligro, me tumbé en el lecho, dudando si era un hombre ó un mentecato. No sé lo que, pensaría de mí la sueca; lo que ahora mismo siento es una dulce alegría por haberme hecho el sueco. Un tambor apareció en la puerta de banderas pidiendo permiso. ¡Adelante! contestó el capitán de guardia. ¿Se puede tocar rancho? Los de semana se pusieron en pie, y el corro se deshizo al compás del redoble que llamaba á rancho en el patio del cuartel. MANUEL M A E Í A GUEURA. E L SER CIVIL. POR MELITON GONZÁLEZ 3- -i Mucho corre el condenado! Aprieta, Pérez. -Aprieta, Gómez, fifftS! f, v l, í S 1- -AHÍ se ve á un cazador. -Debe ser lurtlvo, porque echa á correr. 4- -Ya. no puedo más, Pérez. -Estoy reventado, Gómez. ¡Alto! 1 que hacemos fuego! 2- -Corramos, Pérez. -Corramos, Gómez. 5- -De modo que tiene usted licencia. Entonces, ¿por qué corría usted? -Porque la perrita tiene mucho miedo á la Guardia civil.