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-3 407 vían á París todos nuestros actos al revés y todos los sucesos cabeza abajo. Un día el centinela de un polvorín dispara su remington sob -e cualquier transeúnte sordo. Al día siguiente los periódicos de París hablan de la revolución española, ie asaltos á los cuarteles, de barricadas en las calles, de heridos y muertos á porrillo. El rey deja de salir á paseo una tarde. Ya están los diarios franceses afirmando que el monarca español está muy malo, que la mucha demanda ha encarecido los gorros frigios, y que aquí no tenemos tranquilidad, ni sosiego, ni buenas formas (de Gobierno, se entiende) Cada uno de estos cañarás hace bajar los valores españoles dos ó tres enteros. Y claro es que lo de valores es pura adulación. Porque si á eso llaman valores, no sé á qué llamarán cobardías. Habla un personaje español, y allá se da á sus palabras sentido gravísimo, sedicioso y revolucionario. Ya puede usted decir parábolas. Allá las convierten en hipérboles. Desventajas de la geometría aplicada al periodismo. Si el tío Paco, el de la rebaja, supiera francés, era el único qué podríamos utilizar para traducir la prensa vecina. Bueno es exagerar, pero no tanto. En punto á información española, la prensa de París parece escrita en Andalucía y traducida en Tarascón. Con la diferencia que establece la doctrina entre el error jocoso y el pernicioso. Impresionados por la lectura de k. prensa francesa, nos encontramos á veces con un coronel del ejército. -Diga usted, mi coronel: ¿es cierto que ayer se levantó un regimiento de caballería? -Ciertísimo. -Al toque de bota- sillas, ¿no es verdad? -No señor; al toque de diana, como se levantan siempre. -Si ahora se quejan ustedes, ¿qué harán en Agosto? dicen las almas fuertes cuando oyen lamentos contra el calor. -En Agosto no diremos nada, porque ya sabe usted el refrán: Agosto, frío en rostro Madrid, tan seductor y simpático en el invierno, en ese invierno del E al y de los salones, se pone imposible en el verano, en este verano de las chinches y las correderas. Todo el mundo pide licencia temporal para pasar la canícula, bien en las playas del Cantábrico, o mal en las orillas del arroyo materno. -Señor, dice el empleado á su jefe superior, yo quisiera veranear este año. ¿Por qué santo? -Por San Sebastián. -Pero usted tiene- -Sí, señor, tengo un pariente de mi mujer que nos pone un piso en la Zurrióla. -Me parece que no ha contado usted con la huéspeda. ¡Vaya si he contado! Como que tendremos á dos ó tres señoras estables para que nos ayuden á pagar los gastos. Los representantes del país están esperando á que los dejen entrar en clausura (de Cortes, por supuesto) para remojar en las playas el fatigado cuerpo, ó, robustecer con inhalaciones la laringe, estropeada por la oratoria; los militares aguardan las licencias de verano; los curiales esperan á que se constituya la Sala de vacaciones para dejarla con el calor á solas. Dios dijo que nos ganásemos el pan con el sudor de nuestra frente. Pero ¡ay! que sudando tanto, no quedan bríos para ganarse el pan. Nos empujan hacia el Norte, por un lado ol termómetro, por otro la indumentaria propia de la estación. Ya han aparecido por ahí los señoritos de la vista baja, con el sombrero blando y el ala caída hasta las narices; las niñas, con sus trajes claros y sus fg- Was de campana, semejan pilones de azúcar, ó pensando poéticamente con el cantar, parecen campanillitas que van llamando á la gente. Pronto nos veremos todos por el Cantábrico. La Concha de San Sebastián será una sucursal del Pinar de las de Gómez. ¡Hola, Fulano! ¡Hola, Menganito! ¡Hola, Zutano! Aquello, sin meterse en el mar, es un verdadero baño de hola. LUIS ROYO VILLANOVA.